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jueves, 11 de noviembre de 2010

Crítica de una masculinidad feminista, a un feminismo

Estimadxs Lectorxs, este articulo es una colaboración de Cristian Cerón, tomado de su interesante blog El Sentido En El Vivir, me gusto tanto que quise reproducirlo aquí.

Un amigo activista, que al igual que yo se autoseñala con una identidad lésbica siendo biohombre, me comentaba que se sentía aveces muy incómodo cuando veía en sus grupos humanos, afectivamente más cercanos, por cierto feministas, un posicionamiento del sujeto varón en un lugar sospechoso. Sospecha de que tal varón, institucionalmente ubicado en un lugar privilegiado respecto de la mujer por la cultura, pudiera, aunque definiérase feminista, no renunciar a los privilegios patriarcales. Agregaba a esto un ejemplo, diciendo que un grupo de biomujeres feministas reunidas no era nunca machista, pero sin embargo, a un biohombre como él entre biomujeres feministas, se le podría ubicar en un lugar de sospecha, a razón de que pudiera constituir una referencia hegemónica desde su lugar de biohombre en relación a las biomujeres. Y tal posición, pudiendo ser vista con una suerte machista, irreconciliablemente quedaría atrapado por esta vigilancia.

Creo que no es menor el temor que me causó esta reflexión, tratando de emerger con el feminismo una reivindicación de las biomujeres como sujetas legítimas en su pensar, actuar y devenir, impulsado por una profunda convicción sobre que, al reivindicar lo femenino, los biohombres pudiéramos, legítima y libremente llorar por ejemplo, o que nunca más que por lo femeninos que pudieran resultar los ademanes de algún varón, fuera éste inferiorizado, utilizando como pretexto para ello el convencimiento irracional de que el varón no pudiera feminizarse, porque eso sería ubicarse en el lugar de las mujeres que son puestas hegemónicamente en un lugar de inferioridad en relación al hombre, de modo institucional por la cultura. No puede ser esto baladí.

El varón feminista que siente esta incomodidad, claramente tiene mucho que aprender en cuanto a la renuncia simbólica y pragmática de los privilegios patriarcales, lucha de cada día en contra del ajeno lugar en el que fue situado, batalla de cada día por la reivindicación femenina. Sin embargo, ese feminismo que siembra ciegamente la sospecha sobre él, se vuelve en su contra. Se vuelve en su contra cuando, utilizando un análogo discurso que utiliza Simón de Beauvoir en El Segundo Sexo, sin intención, genera lo siguiente: “Ese feminismo” aún promueve en ese varón la lucha por las mujeres y una sistemática renuncia de los privilegios patriarcales más que propician su propia lucha feminista, y este varón ve en ello tantas ventajas por el apoyo y sensación de comunidad que enfrenta, aunque tantas dificultades, que llega a desearlo con gran entusiasmo y también a frustrarse por cada tropiezo que tiene en esta renuncia; resulta así que, a menudo, está menos especializado, menos sólidamente formado en su feminismo que “estas feministas”; de ese modo se condena a permanecer en la sospecha del lugar privilegiado que le ha otorgado gratuitamente la cultura; y el círculo vicioso se cierra: esa constante frustración y ubicación desde la sospecha que apelan “estas feministas” refuerzan su sensación de frustración y su lugar sospechoso.

No sería atrevido pensar que entonces se le encontrara más cercano a grupos de varones antipatriarcales o grupos de varones gays, donde pudiera encontrar refugio de estas frustraciones, donde nuevamente reforzaría su posición privilegiada y lo condenaría al machismo.

Cristian Cerón Prieto

sábado, 28 de agosto de 2010

Hombres jóvenes por el fin de la violencia




Hombres jóvenes por el fin de la violencia

Manual para facilitadores y facilitadoras

Uno de los objetivos de este blog es reseñar material valioso para temas de género, por ejemplo este es un manual creado pensando en Chile, basado en enfoques y líneas metodológicas comprobadamente exitosas y está disponible en Internet.


Este manual es un producto del proyecto “Involucrando Hombres en el Fin de la Violencia de Género: Una

Intervención Multipaís con Evaluación de Impacto”, financiado por el UN Trust Fund in Support of Actions to Eliminate Violence against Women, UNIFEM. Descargarlo aquí


El proyecto en Chile es coordinado por:


• CulturaSalud y EME-Masculinidades y Equidad de Género, en su pagina web Ud. se encontrara con que reboza de pasión e información sobre temas de masculinidad equitativa, definitivamente esta lleno de herramientas útiles.




El manual que tienes en tus manos es una adaptación de los materiales internacionales del

Programa H (Programa Hombres) al contexto chileno, realizada por la organización CulturaSalud/

EME, cuyo foco está puesto en la prevención de la violencia de género.


Sobre el programa H


El Programa H busca que los hombres jóvenes cuestionen los modelos no-equitativos relacionados a la masculinidad, y visualicen las ventajas que pueden encontrar en comportamientos más equitativos de género; a través de la reflexión de los “costos” que la masculinidad tradicional tiene sobre sus parejas, su comunidad y ellos mismos.


Inicialmente el Programa H se llevó a cabo en México y Brasil, siendo validado en países como Bolivia, Colombia, Jamaica y Perú. Después de su evaluación de impacto en Río de Janeiro ha sido implementado en diversos países como Costa Rica, Nicaragua, Panamá, India, Nepal, Tailandia, Estados Unidos y Canadá.


¿Por qué poner foco en los hombres jóvenes?




Por mucho tiempo se asumió que los hombres adolescentes tenían menos necesidades que las mujeres jóvenes en términos de atención y cuidado de la salud. Además, muchas veces se pensaba que trabajar con hombres jóvenes era difícil, ya que se creía que ellos eran agresivos y que no les preocupaba su salud. Frecuentemente, los hombres jóvenes han sido estigmatizados y rotulados de poco participativos, de no estar “ni ahí” (el síndrome Chino Ríos), o de ser violentos. Esta visión está cambiando ya que existe un consenso internacional (aún emergente) sobre la necesidad de involucrar más adecuadamente a los hombres –con especial énfasis en los hombres jóvenes– en temas tales como salud sexual y salud reproductiva, prevención de enfermedades de transmisión sexual, violencia y abuso de sustancias, entre otros.



Es una realidad que en la actualidad, los hombres jóvenes presentan vulnerabilidades en su salud física y mental, y ponen en riesgo la salud de otras y otros. Por ejemplo, enfrentan altas tasas de muertes tempranas, están expuestos a infecciones de transmisión sexual (ITS) y al VIH/SIDA, al abuso de sustancias, y no buscan servicios de salud cuando los necesitan de la misma manera que lo hacen las mujeres jóvenes. Además, los hombres jóvenes están directamente involucrados en muchos de los problemas de salud que enfrentan las mujeres jóvenes, incluyendo las ITS, complicaciones relacionadas con el embarazo, así como la violencia sexual y doméstica. Por esto, muchos/as defensores/as de los derechos de las mujeres han tomado conciencia de que para mejorar la salud de las mujeres también se requiere involucrar a los hombres, especialmente a los jóvenes.


El Género


El manual explica en detalle lo esencial partiendo de la diferencia entre sexo y género para adelante, pero a mí me interesaría destacar algunas ideas centrales:


Los estereotipos de género, entendidos como ideas construidas y reproducidas culturalmente en base a las diferencias de género, han operado históricamente en nuestra sociedad instalando mandatos de género para ser cumplidos por hombres y mujeres. También han delineado los territorios y espacios que les corresponden a unos y otras, limitando con esto las posibilidades y potencialidades que todos tenemos en tanto seres humanos, y generando inequidades basadas en el género que afectan especialmente a las mujeres.


Los mandatos de género dictan que los hombres, para convertirse en tales, deben ser responsables, proveedores, conquistadores y demostrar autoridad. En ocasiones estas demostraciones se realizan a través de actos de violencia que los hombres cometen contra mujeres, contra otros hombres e incluso contra sí mismos (Fuller, 2001; Olavarría, 2001; Rodríguez y De Keijzer, 2002; Viveros, 2002).


En el caso de los hombres jóvenes, éstos corren riesgos y ponen en riesgo a otras/os en áreas como la sexualidad, el consumo de alcohol y la violencia (Sabo, 2000).


Se un hombre/Se una señorita




De parte de las mujeres se espera que manejen de manera apropiada el espacio privado, siendo buenas madres, cariñosas y generosas, entre otras características que se le atribuyen a lo femenino.


Quienes desobedecen estos mandatos generalmente reciben sanciones sociales. Así, por ejemplo, cuando en una familia hay roles tradicionales invertidos, a los hombres se les suele decir “macabeos” o “dominados”, mientras a las mujeres que son exitosas y agresivas en el plano laboral se les tilda de “ahombradas”(debe ser lebiana,,,).


Vivir bajo el supuesto de que hombres y mujeres nacemos con la obligación de realizar determinadas tareas y quedar excluidos/as de otras hace que las inequidades de género que existen en diversos planos se perpetúen: inequidades en salarios, en los puestos de trabajo, en la distribución de tareas, en el acceso a recursos, en el ejercicio y consecuencias de las violencias, etc.


La Masculinidad hegemónica si bien propicia el desarrollo de los hombres en ciertos sentidos, en otros los corta de raíz.


Estudios cualitativos han revelado que para poder cumplir con los mandatos de la masculinidad hegemónica los hombres a veces suprimen sus emociones y necesidades, lo que conlleva consecuencias tales como dificultades para identificar sus sentimientos y hablar de ellos, y dificultades para empatizar con otros/as. Es por esto que autores como Benno de Keijzer (2000) han afirmado que algunos hombres son “incapacitados emocionales”.


En América Latina las masculinidades que se han construido a lo largo de los años se corresponden con los procesos históricos del mestizaje, la colonización y la vida republicana. La imagen del hombre, en este contexto, ha estado fuertemente vinculada con la figura del “macho”, el “cabrón”, y se define por el valor fundamental que representa el “honor”.


De esta manera, la figura masculina de poder es representada por el patriarca, el dominador, en oposición al hombre que es dependiente y dominado por otros. Esta figura de poder se reafirma en el machismo en tanto aseveración de la virilidad y de control sobre las mujeres (y de otros hombres). Para mantener esta imagen viril, el hombre debe separarse de la casa y de todo lo doméstico, como medio de distanciarse de lo femenino (Gutmann, 2000; Montecino, 1996).


Si bien existen diversas masculinidades, cada una de ellas presenta una mayor o menor adherencia respecto al modelo tradicional de masculinidad o masculinidad hegemónica. Son las continuidades del modelo tradicional, que se conoce como machismo, las que ponen en riesgo la salud de hombres y mujeres, y se relacionan con problemas sociales como la violencia, que merecen una detenida atención.


Algunos datos de Chile


• Entre 1990 y 2004 se duplicó la tasa de suicidios en hombres y mujeres. En el año 2006 las muertes por lesiones autoinflingidas intencionalmente fueron 4,2 mujeres por cada 100.000 y 21,9 hombres de cada 100.000 (OEGS, 2009).


• Las muertes por accidentes, agresiones autoinfligidas y otras causas ocurren más en hombres que en mujeres. El año 2006, en el tramo 15-34 años, murieron 76,5 hombres y 14 mujeres por cada 100.000 (Ibid.).


• La tasa de consumo de drogas ilícitas durante el año 2006 en el tramo de edad de 12 a 64 años fue de 10,4 hombres y 4,3 mujeres por cada 100 (Ibid).


• Las víctimas de accidentes de tránsito en el año 2006 fueron 1.297 hombres y 365 mujeres; los/as lesionados/as fueron 28.168 hombres y 18.857 mujeres (www.conaset.cl). Estos datos hacen pensar que la socialización masculina está estrechamente vinculada a la causa de estos accidentes, por ejemplo, en la conducción temeraria, el consumo de alcohol y drogas, entre otras.


Evidencia como ésta es la que hace considerar que ser hombre es un factor de riesgo para (Keijzer, 2003):


Las mujeres, niños y niñas: a través de los distintos tipos de violencias y abusos que algunos hombres ejercen hacia ellos/as.


Para otros hombres: por accidentes, homicidios, lesiones, etc.


Para el hombre mismo: estrés, suicidio, alcoholismo, adicciones, descuido del cuerpo y salud.


Es importante destacar que la mayoría de los hombres no son violentos ni ponen en riesgo la salud de otros/as. Uno de los desafíos de las políticas y programas consiste en adecuar el discurso para llegar a los hombres e involucrarlos como aliados en el cuidado de la salud, la prevención de riesgos y la equidad de género.


Del hombre joven como problema, al hombre joven como aliado


Gran parte de los enfoques que se aplican sobre niños y hombres jóvenes enfocan su atención en los problemas que implica la escasa participación de éstos en las cuestiones de la salud sexual y reproductiva, así como en los aspectos violentos de su comportamiento.


Esto hace que muchas iniciativas que trabajan en las áreas de salud del adolescente perciban a los muchachos como agresores y enemigos de la sociedad. Es un hecho que algunos muchachos son violentos con sus parejas y entre sí. Además, muchos jóvenes no participan del cuidado de sus hijos/as y no se involucran adecuadamente en las necesidades de salud sexual y reproductiva ni de sí mismos ni de sus parejas.


Pero existen otros hombres adolescentes y jóvenes que sí participan en los cuidados de los hijos/as, que son respetuosos en sus relaciones íntimas, y que no son violentos en ninguna dimensión de sus vidas. Cabe destacar que nadie es de una misma forma todo el tiempo: un hombre joven puede ser violento con la pareja, pero protector y cuidadoso con los/as hijos/as; o violento en algunos contextos y en otros no.


Tanto las investigaciones, como nuestra experiencia personal en tanto educadores/as, padres/madres, profesores/as y profesionales de la salud, demuestran que los hombres jóvenes responden de acuerdo a las expectativas que se tiene de ellos. Por ejemplo, investigaciones sobre delincuencia muestran que uno de los factores asociados al comportamiento delictivo es que el individuo sea señalado como delincuente por los padres, profesores/as y otros adultos.


De esta manera, los jóvenes que se sienten etiquetados como delincuentes, tienen más probabilidad de serlo. Si esperamos jóvenes violentos, que no se involucren en el cuidado de sus hijos/as y no participen en temas ligados a la salud sexual y reproductiva de forma respetuosa y comprometida, entonces creamos profecías que se auto cumplen.




Este manual parte del principio de que los hombres jóvenes deben ser vistos como aliados y no como problemas. Todos los hombres -incluso aquellos que alguna vez fueron violentos- poseen potencial para ser comprometidos y cuidadosos, para relacionarse a través de diálogos respetuosos, para asumir responsabilidades con sus hijos/as y para interactuar y vivir de forma armónica. Diversos programas de prevención con hombres muestran que los hombres sí pueden cambiar sus creencias y actitudes. Por tanto el desafío es cómo llegar a los hombres con un discurso inclusivo y llamativo que promueva conductas más respetuosas, saludables y equitativas (Barker, Ricardo, Nascimento, 2007). Consideramos que es fundamental comenzar a rescatar lo que los hombres jóvenes hacen de positivo, y creer en el potencial que todos ellos poseen.




Violencia(s)


Una clasificación muy interesante de la violencia es la que propone Galtung (1998), a través de las categorías de: violencia estructural, violencia cultural y violencia directa.


Violencia Estructural


Se manifiesta cuando no hay un emisor o una persona concreta que haya efectuado el acto de violencia. Este tipo de violencia en la mayoría de los casos proviene de la propia estructura social, en específico, de los sistemas políticos y económicos, y sus expresiones más usuales son la represión y la explotación. Ambas actúan sobre el cuerpo y la mente, y no necesariamente son intencionadas. Se consideran casos de violencia estructural aquellos en los que el sistema causa hambre, miseria, enfermedad o incluso muerte a la población. Son ejemplos los sistemas cuyos Estados o países no aportan las necesidades básicas a su población.


Violencia Cultural


Alude a los aspectos de la cultura que aportan una legitimidad a la utilización del arte, religión, ciencia, derecho, ideología, medios de comunicación, educación, etc., que violentan la vida. Así, por ejemplo, se puede aceptar la violencia en defensa de la fe o en defensa de la religión. Dos casos de violencia cultural pueden ser el de una religión que justifique la realización de guerras santas o de atentados terroristas, así como la legitimidad otorgada al Estado para ejercer la violencia.


Violencia Directa.


Se refiere a la violencia que realiza un emisor o actor intencionado (una persona), y quien la sufre es un ser dañado o herido física, mental o emocionalmente. En este caso de violencia opera un abuso de autoridad en el que alguien cree tener poder sobre otro. Generalmente se da en las relaciones asimétricas: el hombre sobre la mujer o el padre sobre el hijo o hija, para ejercer el control. Si bien la más visible es la violencia física, manifestada a través de golpes, no por ello es la única que se practica.


Las repercusiones de la violencia


Se calcula que en el año 2000, 1.6 millones de personas perdieron la vida en todo el mundo por actos violentos, lo que representa una tasa de casi el 28,8 por 100.000. Aproximadamente la mitad de estos fallecimientos se debieron a suicidios, casi una tercera parte a homicidios y aproximadamente una quinta parte a conflictos armados (OMS/OPS, 2003).


No todas las personas corren el mismo riesgo de padecer los efectos de la violencia; de hecho, la mayoría de las muertes por actos de violencia en el mundo corresponden a hombres. Diversos ritos de pasaje masculinos involucran actos de violencia hacia los demás o hacia sí mismos, como las peleas entre jóvenes o pandillas, ingesta excesiva de alcohol, conductas como la conducción de vehículos a alta velocidad, entre muchas otras. Además, son principalmente los hombres quienes mueren en los conflictos armados.


En los espacios públicos, los hombres son autores y víctimas de violencia. En los espacios privados, es decir, en la casa, es más frecuente que los hombres sean autores de violencia, y las mujeres víctimas de ésta.


En los estudios sobre este tema frecuentemente se deja de lado el aspecto de género que está asociado a la violencia; de hecho, los hombres, sobre todo los jóvenes, son más propensos a usar la violencia que cualquier otro grupo y a morir o a sufrir graves consecuencias como producto del ejercicio de la violencia.


Es importante destacar que los hombres pueden jugar un doble rol, tanto ejerciendo violencia sobre otros como sufriendo los efectos de la violencia. En este sentido, es necesario visibilizar a los hombres no solo como victimarios, sino también como víctimas de la violencia.


Violencia de Género


La violencia de género puede incluir toda agresión física o simbólica que afecte la libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física de las mujeres.


Frecuentemente, la violencia de los hombres contra las mujeres forma parte de la socialización masculina. Investigaciones en América Latina muestran que la violencia doméstica, así como la violencia sexual, forman parte de los “roles” sexuales o de género en los cuales estos tipos de violencia son justificadas por los hombres cuando las mujeres rompen ciertas “reglas” del juego, ya sea por tener relaciones sexuales fuera de la relación de pareja o por no cumplir con sus “obligaciones domésticas”.


Muchos muchachos aprenden en su proceso de socialización que las mujeres y niñas deben de cumplir obligaciones hacia ellos: cuidar de la casa, cuidar de los/as hijos/as, tener relaciones sexuales con ellos, aún cuando ellas no quieran.


Estudios muestran que los grupos de pares o de amigos frecuentemente apoyan a los jóvenes cuando éstos usan la violencia contra sus novias, amigas o parejas. Investigaciones realizadas con estudiantes norteamericanos afirman que entre el 20% y el 50% de los hombres y de las mujeres de la muestra habían experimentado algún tipo de agresión física durante el noviazgo (Heise, 1994). Esto indica que es necesario trabajar con los hombres jóvenes reflexionando sobre la influencia que el género tiene en sus actitudes, y también sobre las formas como se construyen las relaciones de intimidad durante la juventud.


Asimismo, los hombres son, por regla general, socializados para reprimir sus emociones, siendo la rabia, e incluso la violencia física, una de las formas socialmente aceptadas para que ellos expresen sus sentimientos.


En este manual consideramos que al hablar de violencia no hay nada que sea natural, ni normal o inevitable. Investigaciones realizadas en distintos países del mundo confirman que la violencia en hombres jóvenes es un comportamiento aprendido y repetido en determinados contextos y, como tal, puede ser prevenido. De esta manera, consideramos que el afirmar que los hombres jóvenes son naturalmente violentos, o esperar que los muchachos abandonen ese comportamiento violento de manera espontánea cuando sean adultos, obedece a paradigmas biologicistas y deterministas que sólo diagnostican un problema sin ofrecer esperanzas ni estrategias de cambio. Esta no nos parece una forma apropiada de abordar la violencia, por el contrario, pensamos que ésta puede ser prevenida trabajando con los jóvenes, involucrándolos en la temática y socializándolos en una cultura de paz.




Socialización de los hombres jóvenes y violencia


• A través de la imitación que hacen de sus padres y hermanos (si éstos presentan conductas violentas);

• Al ser tratados de forma violenta por sus pares y familiares;

• Al ser motivados a pelear y jugar con armas;

• Al ser estimulados por su grupo de pares o familiares a asumir actitudes violentas y al ser ridiculizados cuando no lo hacen;

• Al aprender que para ser un “hombre de verdad” es necesario agredir a quien los insulte;

• Al ser testigos de las múltiples formas de violencia social, institucional y estatal para resolver conflictos humanos.


Es común que a los hombres jóvenes se les enseñe que es correcto expresar su rabia agrediendo a otros. Las agresiones se justifican como reacción común o inevitable ante una amenaza, como una conducta aceptable e incontrolable de los jóvenes. Sin embargo, no se les enseña a expresar libremente un repertorio amplio de emociones como el amor, el erotismo, la tristeza, la pena, la impotencia, el miedo y la culpa, ni a contar con herramientas para resolver conflictos de modo pacífico.


Consideramos que los muchachos que tienen conductas violentas tienen problemas con la “inteligencia emocional”, es decir, con la habilidad de identificar, entender y expresar sus emociones de forma adecuada. Quienes usan la violencia para expresarse tienden a interpretar equivocadamente las actitudes de los otros como hostiles. Además de eso, tienden a justificar la violencia responsabilizando a los otros y, frecuentemente, descalifican a sus víctimas sin lograr empatizar con ellas.



Algunos de los programas implementados han sido evaluados, y muestran que sí es posible cambiar las actitudes y comportamientos de los hombres hacia actitudes más equitativas de género.


Una reciente revisión de 50 programas de intervención con hombres encontró que las acciones emprendidas pueden ser eficaces o prometedoras de lograr cambios de actitudes hacia una mayor equidad de género y reducción de la violencia, especialmente aquellos programas que cuentan con un abordaje explícito de género, aquellos que integran diversos componentes (por ejemplo, talleres y campañas comunitarias), aquellos con talleres de más de 10 sesiones de duración (de 2 hrs. cada una), y aquellas campañas con más de 4 meses de duración ( Barker, G., Ricardo, C. y Nascimento, M, 2007).




No debemos olvidar que muchos de quienes han ejercido violencia contra otras/os han sido víctimas de violencia, o han sido testigos de algún acto de violencia, ya sea en la familia o en la comunidad. Por esto mismo, si se invita a los hombres, generalmente están dispuestos a conversar sobre cómo negociar, cómo repensar las relaciones de poder y cómo resolver los conflictos de una forma diferente.


En las actividades incluidas en este manual se promueven herramientas para que los hombres jóvenes puedan dialogar sobre los costos y efectos de la violencia, sobre las implicancias que ésta ha tenido en sus biografías y sobre la importancia de comprometerse con poner fin de manera activa a cualquier forma de violencia.

miércoles, 25 de agosto de 2010

MASCULINIDAD Y PATERNIDAD – DEL PODER AL CUIDADO





MASCULINIDAD Y PATERNIDAD –
DEL PODER AL CUIDADO

Péter Szil, psicoterapeuta

Por Beatriz Sotomayor

Un documento sobre masculinidades equitativas muy bueno, encuéntralo aquí, y pincha aquí para entrar en el sitio web de Péter Szil (ver foto).



Este blog está dedicado entre otras cosas a reseñar material valioso para los temas de género y ojala disponible libremente en Internet. El artículo de Szil, señala el importante papel de la tradición y de los mitos en nuestra vida y en como actuamos nuestros géneros.


La tradición es como un argumento escrito con tinta invisible, seguido al pie de la letra por los personajes, aunque éstos para nada estén conscientes de la existencia del guión. El cambio se puede asemejar al proceso de un laboratorio de teatro donde nuevos papeles se ensayan hasta el punto en que el personaje ya puede identificarse con ellos.

La palabra “mitología”, igual que la palabra "masculinidad", tiene varias lecturas.
“Mito” es "alegoría", "leyenda" o "fábula" por una parte, "tradición" por otra parte, y finalmente "mentira", "engaño" o "ficción". Joseph Campbell, el quizá más famoso estudioso en este terreno, dice: "La mitología es la música a la que todos bailamos, aunque desconozcamos la melodía." Los mitos muchas veces se presentan como una herencia inalterable. Yo parto de que podemos elegir entre diferentes interpretaciones de los mitos. De esta manera nuestra imaginación no tiene que ser una mera reproducción de representaciones heredadas, sino una fuerza creativa que incluso puede cambiar realidades sociales.


Alberto Montt

El dulce padre/patriarca

Considero que los malos tratos a los niños constituyen uno de los legados más arraigados del patriarcado como orden social y matriz cultural. Es una manifestación concreta y a la vez dramática de lo que ocurre cuando los valores básicos de la figura paterna tradicional impuesta por la sociedad patriarcal se convierten en valores pedagógicos de toda una cultura. Estos valores son “ley”, “autoridad” y “distancia” (aún estando presente físicamente).

Lo Dicotómico v/s Lo Complementario


Sol Diaz

Como parte del establecimiento del orden patriarcal, la función paternal se ha subordinado a la identificación y a la asociación con el poder (entendido como poder sobre los demás en relaciones de subordinación). Esto, unido a la violencia como factor constituyente de la masculinidad, ha creado las bases para que las relaciones paterno-filiales se planteasen en términos dicotómicos (poder/subordinación, limites/encogimiento, castigo/obediencia), en lugar de términos complementarios (fragilidad/protección, dependencia/cuidado, crecimiento/apoyo).


Lo Femenino y Lo Masculino, la reproducción y la producción


Melina Rapiman

La capacidad biológica de traer retoños al mundo lógicamente tendría que ir acompañada de un recurso que sin embargo tradicionalmente no pertenece al ámbito masculino: el cuidado (de las cosas y de las personas). Las diferencias entre los juguetes de los nenes y de las nenas, los modelos que se les ofrece en su hogar, las actividades estimuladas en ambos sexos en la juventud, y, más tarde, las expectativas del mercado de trabajo, van todas unidas por el mismo hilo conductor: de los varones se espera que asuman ser los creadores y los destructores, mientras que las mujeres tienen que encargarse del cuidado y el mantenimiento de todo lo que hay entre los dos extremos del inicio y del fin de la vida. Esa diferencia hay que construirla, ya que no nacemos así.


Melina Rapiman

El Padre Guerrero


Quino

La imagen del padre severo, maltratador está íntimamente ligada a la visión del hombre como guerrero, otro mito muy arraigado en nosotros. Es otra manera de combinar la identidad de género patriarcal con un concepto de paternidad que en lugar del cuidado se ha identificado con el poder.

Lo mismo irrumpe también en el idioma cotidiano, por ejemplo cuando se habla de los niños que "dan guerra". Es una proyección curiosa y una manera de culpabilizar la víctima. Las niñas y los niños en realidad nunca dan guerra. Si es que están involucrados en una beligerancia, es para defenderse, con su vitalidad e inteligencia innatas, de la guerra de exterminio que los adultos y adultas libramos contra la infancia, contra la vida misma. Esta guerra tiene su expresión máxima en los abusos de poder (grandes y pequeños, físicos y no físicos) a los que los niños están sistemáticamente expuestos, pero no se limita a ellos. Su meollo es precisamente la incorporación a la convivencia cotidiana de un modo de organizar la sociedad a base de preceptos históricamente “varoniles” (productividad, control etc.), inmutables ante las verdaderas necesidades de los niños, que con el tiempo se han convertido en valores a inculcar incuestionables, intemporales y sin signo de género. Precisamente por eso hace falta hacer visible los orígenes de esos preceptos.

De Cronos/Saturno pasando a Zeus


Péter Szil cuenta el mito de Cronos, en la mitología griega al comienzo de todo, la diosa Gaia/Gea (la Madre Tierra, primera de los primeros dioses surgidos después del Caos original) engendro al cielo (Urano), quien se pego a ella cubriéndola toda y fecundándola repetidamente, pero Urano lo cubría todo y no dejaba pasar la luz o dejar nacer a sus hijos, por lo cual Gaia permanecía hinchada de hijos y subyugada.

Gaia planeo una estratagema para recuperar la libertad, en su vientre creó un hoz y se la dio a su hijo Cronos quien la siguiente vez que Urano penetro a Gaia, castro a Urano quien con un grito que suponemos desgarrador se separo de Gaia y quedo muy arriba, y así se formo el cielo.

Aunque Cronos/Saturno protagonizó esa rebelión cortándole los genitales a su padre (el imperio del falo todavía no tenía fuerzas para imponerse), cuando él sucede a su padre y se le augura que alguno de sus muchos hijos habidos con su esposa-hermana le quitará el poder, decide matarlos, pero no de cualquier manera: los canibaliza, los devora uno por uno. Sólo uno es salvado con engaños de la madre, que lo cambia por una piedra.
Cronos/Saturno, ciego como es, no distingue a un hijo de una piedra. (¿Típico caso del padre ausente, ocupado en sus asuntos de poder en el mundo, cuyo contacto con los hijos se restringe a mirarlos de vez en cuando –o ni eso--, y que ni una sola vez los ha palpado, acariciado, tenido en las manos?).

Será ese hijo superviviente, Zeus o Júpiter que finalizará la obra de instalar el patriarcado. Una vez adulto destrona a su padre y se instala como dios supremo en el Olimpo. A lo largo de toda la mitología griega, a veces en el Olimpo, a veces bajando a los mortales, Zeus va raptando y violando a mujeres (diosas o no), y deja hijos e hijas por todas partes, de modo que las relaciones de adhesión para el futuro le queden garantizadas. En los mitos no hay ningún indicio de que se haya preocupado lo más mínimo por alguno de estos hijos, más bien seguía con sus hazañas.

Como Victoria Sau constata en su Diccionario ideológico feminista, “su esposa es la madre vencida, dominada, engañada por un marido constantemente infiel, celosa; y Zeus es el padre por antonomasia que engendra los hijos por violación, cohecho, engaño y voluntad absoluta.… con Zeus se afianza el mundo de los padres y las madres quedan relegadas al papel de vasijas vivientes obligadas a recibir el producto masculino, a «cocerlo» en su interior y a dar a luz para que los hombres se queden el fruto de este trabajo.”

(Entre paréntesis un salto a una representación moderna de ese mito: una de las formas en las que hoy en día se presenta la reacción a las reivindicaciones de igualdad de las mujeres y de un movimiento de hombres pro-feminista, antisexista y contra la desigualdad, es lo que se suele llamar el "movimiento de hombres para una nueva masculinidad". Para que nos hagamos una idea de qué hay de nuevo en esa masculinidad cabe señalar que esa corriente, haciendo uso de un lenguaje mítico-poético, habla de recuperar la fuerza de Zeus en los varones.)


Si seguimos trazando la asociación trágica entre paternidad y poder (propio o superior), en lugar de la alianza del padre con el hijo, encontramos un ejemplo culturalmente todavía más cercano a nosotros en el Antiguo Testamento. Es Abraham, quien, porque una autoridad se lo dice, está dispuesto a sacrificar a su hijo. Ha de ser un ángel quien le salve al hijo y no su intuición o su instinto paternal.

Todavía más cerca de nosotros en el tiempo hay imágenes que no sólo nos rodean diariamente, sino que pertenecen a la misma base de nuestra cultura. Estas mismas imágenes que, se supone, representan a un padre que por el bien de la humanidad sacrificó a su hijo, pueden también tener otra lectura (y espero no herir la sensibilidad religiosa de nadie): un hombre adulto, en aras de un proyecto que él tiene en el mundo, sacrifica a su propio hijo, sin consultar a la madre, aunque después tiene que encargarse ella de ser la madre dolorosa al lado de la cruz, llorando, secándole las heridas, bajándolo de la cruz, esperando tres días a ver si resucita, mientras que el clamor de Jesús en la cruz ("Padre ¿por qué me has abandonado?") no obtiene ninguna respuesta.


Alberto Montt

Más que de la religión como tal, estoy hablando de ciertas imágenes que están en la base misma de nuestra imaginación. Y precisamente en la misma religión hay otra imagen, también muy conocida por nosotros y que podría ser el arquetipo del padre cuidador.



Aquí tenemos a un padre a quien, aun no siendo el padre biológico, le mueve el cuidado del niño. José, como todos los demás hombres en Belén se entera de que Herodes va a matar a todos los niños primogénitos. Pero él es el único que dice: "dejo mi negocio
y todo y nos largamos para proteger al niño". En esta imagen José, en un acto de mucha humildad, hace el viaje largo detrás de María y del niño, cumpliendo su cometido de padre protector y cuidador.

¿Dónde están las imágenes del padre que sabe cuidar y nutrir?


Alberto Montt

Péter Szil señala que hay que mirar la publicidad con mucho cuidado pues es la mitología de nuestros días, en el artículo el muestra algunos códigos de lo femenino y lo masculino, apunta a algo ya sabido que la publicidad es profundamente sexista.

Péter establece que las imágenes verdaderas de padre cuidador son extremadamente raras en la publicidad, lo que se ve son pequeños acercamientos, pequeños cambios para que todo siga igual.

Disidentes del patriarcado

“He presentado en imágenes los mitos, antiguos y modernos que sostienen la tradición de una paternidad aliada al poder y los privilegios patriarcales. He partido de que los mitos ni son algo acabado, ni son leyes, sino que podemos darles diferentes lecturas. He sostenido incluso que nuestras elecciones de hoy dependen precisamente de estas lecturas. Ahora ¿qué es lo que podemos deducir en cuanto a qué hacer para romper con esta tradición?

No tenemos recetas claras y fáciles para lo que se tiene que hacer, pero sí podemos saber lo que no es justo seguir repitiendo. Dicho en otras palabras: un movimiento de hombres por el cambio en la paternidad y en la relación con las mujeres en primer lugar tiene que responsabilizarse con la posición de poder y control que la tradición patriarcal nos ha transferido. Nos toca ser disidentes del patriarcado, aunque sea menos grato y placentero que ser “nuevos varones sensibles” o “nuevos padres”, aunque perdamos privilegios y ganemos inseguridad. Porque los roles dan indudablemente cierta seguridad.

Sabemos por ejemplo cómo jóvenes optan todavía hoy en día por un rol
supermasculino en busca de la seguridad que les da pertenecer a un grupo con los papeles ya determinados en vez de tener que buscar uno mismo la respuesta a la pregunta que entraña tanta incertidumbre: ¿Quién soy yo? ¿Qué soy yo?”.

Por eso el hipermacho, seria desde Péter Szil, la imagen de la certeza, y las masculinidades equitativas la base de la duda, siendo que la duda abre posibilidades y nuevos mundos, y que la certeza nos lleva por un camino que está resultando destructivo, acá hay que elegir el diablo por conocer.

Fuentes Imagenes:

- Quino
- alberto Montt http://www.dosisdiarias.com/
- Sol Diaz http://www.comoserunamujerelegante.blogspot.com/
- Melina Rapiman http://experienciamelina.blogspot.com/