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miércoles, 6 de marzo de 2013

Vandálizan Templo Evangélico con rayados lesbianos


El Sábado 02 de Marzo amaneció rayada la fachada de la iglesia Misión Tiempo de Conquista de Concepción (Imágenes de Amparo Montoya (RBB)) vea la noticia en Radio Bio Bio.


Frente a lo que la comunidad evangélica reacciono con indignación:

Guillermo Lastra, pastor presidente del Concilio de Pastores de Concepción, señaló que se trata de una “discriminación contra quienes piensan diferente”.


Sin embargo, el propósito de este post es argumentar que no es precisamente “discriminación contra quienes piensan diferente”. En el sentido de que si una persona anda tirando piedras, actuando de manera amenazante e insultante y le dan un piedrazo de vuelta, esa persona no tiene mucho derecho a alegar discriminación. ¿En que me baso para decir que muchxs evangélicxs estan persiguiendo y oprimiendo gravemente a la comunidad LGBT local?


Pues, el 07 de Julio del 2012, la joven de 16 años Valeska Salazar fue atacada por dos hombres armados con cuchillos que entraron a la fuerza a su casa, agredieron a la familia de esta y trataron de asesinarla (lograron apuñalarla), especialmente grave es que cuando la conmocionada familia llevo a Valeska a urgencias estos sujetos la volvieron a atacar, la familia se llevo a Valeska a su casa y estuvieron encerradxs allí toda la noche con los matones dando vuelta cual lobos (con el perdón de los lobos), cual hienas alrededor de la casa (con el perdón de las hienas).  La razón Valeska pololeo con una prima de los agresores.


Lea la noticia:


“A la desesperación de la familia por ver en las condiciones en que quedó Valeska tras la agresión, se suma el hecho de que 2 de los sujetos, ya están en libertad.
Mientras, la joven se recupera lentamente tras ser atendida en Santa Juana, donde recibió una deficiente atención y donde además se vulneraron todas les medidas de seguridad según su familia, amigos y cercanos, quienes esperan justicia, con el temor además, de un nuevo ataque”.


Ok, volviendo a los evangélicos. Valeska ha tenido que irse de Santa Juana (cerca de Concepción) por el acoso y las amenazas constantes de la comunidad evangélica, quienes se han portado como una mafia. Valeska con solo 16 años ha sido brutalmente agredida, ella si puede decir que ha sufrido discriminación en su forma más extrema.

Lea sobre lo sucedido a Valeska Salazar y la reacción de activistas locales:




lunes, 17 de diciembre de 2012

PALABRAS EN EL ACTO DE REPARACIÓN DEL ESTADO DE CHILE.


Karen Atala Riffo Santiago, Diciembre 14, 2012.



Hoy estamos convocados por el mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que condenó al Estado de Chile por discriminar a mi familia lésbica a raíz de la sentencia dictada el 31 de mayo del año 2004 por el Máximo Tribunal de esta República. La circunstancia de vivir con mi pareja mujer bajo el mismo techo en que criaba a mis hijas, a la sazón de 3 años y medio, 4 años y medio y 8 años de edad, fue sancionada con la pena más grave para una madre: quitarle la tuición de sus hijos por razones injustas.

Recuerdo nítidamente cómo se me apretó el corazón y me llené de impotencia, al escuchar las razones que vulneraban los derechos humanos de mi familia, cuando el Juez de Villarrica de esos años, durante el proceso de tuición provisoria estimó que porque constituíamos una familia excepcional, las niñas quedarían expuestas “en su medio a ser discriminadas” y que ese hecho futuro y eventual, “en condiciones que pueden afectar el desarrollo posterior de las menores de autos y de lo cual no cabe sino concluir, que el actor presenta argumentos más favorables en pro del interés superior de las niñas, argumentos que en el contexto de una sociedad heterosexuada y tradicional cobran gran importancia”.

Lamentablemente, este razonamiento fue validado por la Corte Suprema de esa época, agregándose además, que existiría "el derecho preferente de las menores a vivir y  desarrollarse en el seno de una familia estructurada normalmente y apreciada en el medio social, según el modelo tradicional que le es propio”.

Pero, esto no fue todo. Paralelamente al juicio de tuición, se había constituido un Ministro de la Corte de Apelaciones de Temuco, para realizar una investigación disciplinaria en mi contra, su mandato era recabar antecedentes que se habían expuesto en la Prensa sobre la interposición de una demanda de tuición en mi contra por lesbianismo, e indagar si mi conducta afectaba la imagen del Poder Judicial.

Así, mi privacidad estaba expuesta en la Prensa, con un Ministro en Visita, con un juicio de tuición y con una resolución de tuición provisoria que me ordenaba entregar a mis hijas en un plazo de 48 horas, bajo apercibimiento de ser arrestada.

Como mujer de Derecho y Jueza, no tuve otra alternativa que acatar una resolución judicial y entregarlas. Tenía el profundo convencimiento que sería algo absolutamente transitorio, que antes de fin de año, ellas volverían conmigo y volveríamos a estar unidas como siempre. Desde ese día han pasado 9 años, vidas enteras cuando se trata de la crianza de menores.

Fuimos vulneradas, aún cuando La Constituicón señala que las personas somos iguales en dignidad y derechos y como ciudadanos gozamos de libertades civiles y soportamos cargas. No se justifica en el S.XXI que las personas, en razón de su orientación sexual e identidad de género, no podamos acceder a derechos, beneficios y prerrogativas legales en razón de cómo vivimos nuestra sexualidad y a quien amamos. Se vienen a mi mente las palabras pronunciadas por el ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, cuando se aprobó el matrimonio igualitario, palabras que cobran extraordinaria vigencia en el Chile de ahora, cito: “Reconocemos hoy en España el derecho de las personas a contraer matrimonio con otras de su mismo sexo... Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros amigos y para nuestros familiares y, a la vez, estamos construyendo un país más decente, porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros”.

El dolor causado se puede graficar en que a pocos meses de haber entregado a mis hijas, mi padre Jorge Atala Cumsille, enfrentó un cáncer terminal. Pedir que viniesen las niñas a Santiago, para estar con la familia materna fue motivo de negociaciones. Ellas sólo pudieron ver a su abuelo y regalonearlo por escasos momentos. Mientras enfrentaba sus últimas horas, mi padre me deseó que pudiese recuperarlas y que no perdiese las esperanzas. Y de mis hijas, sólo la mayor lo recuerda. Al quitarme la tuición, se afectó el normal desarrollo de mis hijas con toda su familia materna. Hoy mis niñas son adolescentes. El verlas crecer ha sido dando zancadas, de mes a mes un fin de semana. Hechos tan significativos en la vida de las personas, como el crecimiento, maduración, muerte, se transforman frente a una madre o padre sin tuición, en verdaderos vacíos y tierra de nadie, sometidos generalmente a la buena voluntad de quién detenta la custodia.

Podría decirles los múltiples e interminables dolores, penas y angustias que hemos vivido en estos 8 años y medio. Quienes son padres separados y sin la custodia de sus hijos se las pueden imaginar. Hechos tan sencillos y cotidianos, para nosotros, cobran especial relevancia, como la pérdida del primer diente, del primer día de clases, la primera fiesta, etc. Desde que se fijó la fecha de este Acto de Reparación, he sentido intensos dolores de útero. Sin embargo mi útero fue extirpado hace algunos años. El miembro fantasma duele, como si fuese a parir de nuevo a mis tres hijas el día de hoy.

Nuestras leyes de familia se han quedado ancladas en otros paradigmas, ajenos a los actuales sobre co paternidad con roles compartidos entre madres y padres. En efecto, existen leyes aisladas, como en el derecho laboral que ha extendido el permiso post natal a los padres, sin embargo, los Roles de género se mantinen rígidos; el varón debe aportar con el sustento económico del hogar y la mujer la crianza de los hijos en el matrimonio. Fueron estos roles los que se rerpodujeron en la Sentencia de la Corte Suprema, lo que contrasta con el actuar de los Estados modernos occidentales, que buscan superarlos a través de la educación y las leyes. Al respecto, el mandato de la Corte Interamericana, es claro, el Estado chileno y especialmente el Poder Judicial, debe capacitarse a todo nivel de manera permanente en materia de género. Nos pusieron un desafío como país.
Los derechos de las niñas y los niños exigen estándares mínimos para lograr su pleno desarrollo físico y emocional. Una madre o padre sancionado con la pérdida de la tuición por razones convencionales, esto es, valóricas, morales y religiosas y no de derecho, implica también extender esa sanción a sus hijxs. Y lo más grave, los restringe de compartir y convivir con su familia de origen extendida, del poder participar de los ritos familiares del clan, que en mi caso y como descendiente de una familia palestina, son importantes. Así se va desvinculando paulatinamente a nuestros hijos de su origen, de conocerse y reconocerse a sí mismos. 


Las consideraciones convencionales, esto es, valóricas morales y religiosas, no deberían ser parte de nuestras legislaciones, ni menos de los fundamentos de las sentencias judiciales. Sin embargo, en Chile nuestras leyes están plagadas de éstas: “Siempre que no se atente contra la moral, las buenas costumbres y el orden público” es la frase sacramental con la cual terminan muchas leyes en materia Civil, por ejemplo en las normas que van desde la constitución de Corporaciones y Fundaciones a las subyacentes sobre la tuición, o en la codificación de los tipos penales. La mayoría de los argumentos que se esgrimen para negarse a modernizar la legislación en materia de matrimonio y familia se basan en prejuicios religiosos, a pesar de que somos un Estado Laico a partir de la Constitución del año 1925.

Así, en ciento sesenta años de nuestra legislación en materia de matrimonio y filiación, esta ha sido modificada en aspectos puntuales, sin embargo, los paradigmas en los cuales se articula ésta, siguen vigentes e incólumes en nuestro Código Civil y otros textos. De ellos, se establece que la base fundamental de la sociedad es la familia que, surgida a raíz del matrimonio, constituye la unión entre un hombre y una mujer.

Este es el paradigma de la familia chilena enmarcada en nuestra legislación nacional; Matrimonial y heterosexual. Luego, todo aquello que se escape de este deber ser, es mirado con sospecha; las madres solteras, las parejas del mismo sexo y, evidentemente, sus hijos y sus familias. Y dentro de este contexto legal, se entiende la sentencia de la Corte Suprema del 31 de Mayo de 2004. 


Urge en Chile modificar la legislación en materia de tuición contenida en el Código Civil. Regularse la tuición compartida entre ambos padres sin categorizaciones basadas en roles de géneros sería lo correcto y, además, establecer que los derechos esenciales sobre la vida y desarrollo de los hijos comunes no se excluyen por la pérdida de la tuición.

Se extrañan en Chile normas que regulen las figuras como inculcación maliciosa de un padre en perjuicio del otro, cuando uno de ellos detenta la custodia o tuición de los hijos y el otro no.
Yo, como madre privada de la tuición por razones injustas, no pude escoger el colegio en que están educándose mis hijas, no participé en la elección de las actividades extraescolares, de sus tratamientos médicos, dentales y de otra índole y menos de las decisiones de someterlas a cirugías. Eso es parte de lo que sucede cuando se pierde la tuición actualmente en Chile. Se nos quita la calidad de madres o padres y se nos reduce al rol rígido de pagar una pensión de alimentos, y como gran premio a estar con nuestros hijos un fin de semana o, tal vez, dos al mes. Esto no se condice con el mandato de los derechos humanos del Niño y de la Niña, de tener derecho a una familia y de mantener relaciones personales y contacto directo y permanente con sus padres.

Por otra parte, el estatuto jurídico que regula la pérdida de la tuición debería ser restrictivo, limitado a regular situaciones específicas en los cuales la vida y salud del Menor esté en serio riesgo real. No puede usarse para sancionar los estilos de vidas, valores, conductas sociales y afectivas de sus padres. No se condice con un Estado laico, democrático y de Derecho, imponer valores morales o religiosos en cuanto a lo que es correcto o incorrecto. Como sociedad chilena nos queda trabajo por delante. El desarrollo de un país no radica sólo en su aspecto económico, sino que debe darse de forma integral, donde el derecho no puede estar ausente o quedarse rezagado. Junto al mundo, Chile ha ido evolucionando y aprendiendo a respetar los DD.HH. Ya pocos se escandalizan al ver a cientos de miles de personas lesbianas, gays y transexuales marchando por las calles de Santiago y de las principales ciudades del territorio nacional. Se están debatiendo los Pactos de Uniones Civiles tanto para parejas del mismo sexo como heterosexuales. Y en este contexto actual de la sociedad chilena, esta sentencia de la Corte Interamericana viene en darnos parámetros interpretativos basados en los estándares de los Derechos Humanos para fallar en materia de derechos de familia y de los Niños.

Esta sentencia, constituye una verdadera clase magistral de interpretación jurídica. En efecto; el llamado de la Corte Interamericana a nosotros, los jueces de la República, es a utilizar el Control de Convencionalidad ex officio. Esto significa en palabras sencillas; “usted como juez, al fallar una situación puntual, no debe olvidar que existen Tratados de Derechos Humanos a nivel internacional y en virtud de los cuales ustedes tienen que interpretar sus normas nacionales”. El mandato de la Corte sobre el Control de Convencionalidad no es nuevo en las sentencias dictadas contra Chile. En el Caso Almonacid Arellano se exhorta a utilizarlo frente a aquellas leyes que violan los derechos humanos de la vida, integridad y libertad personal.

Este criterio jurídico es, lejos, la mejor herramienta que se nos da frente a leyes anacrónicas, anquilosadas y ajenas a las necesidades actuales de los ciudadanos y que a la luz actual resultan injustas y lejanas a la realidad de nuestros tiempos. Debemos estar a la altura de nuestros pares en materia de justicia. Esta un oportunidad para crecer.

Quiero agradecer a las tres Organizaciones que apoyaron mi Causa hasta lograr esta Sentencia condenatoria contra el Estado de Chile; La Asociación de Abogados de “Libertades Públicas”, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales y Corporación Humanas. Estas organizaciones aportaron numerosos abogados, que durante esta casi década de juicio han contribuido con sus conocimientos, experiencias jurídicas e, incluso, con la contención emocional y consuelo ante mis momentos más difíciles vividos como mujer, madre y Jueza de la República.
Quiero agradecer a mi Familia aquí presente; mi Hijo, mi Madre, mis hermanos, mis tías y tíos, mis primas y primos, mis sobrinos, cuñadas, quienes me han y nos han apoyado durante todos estos años y seguirán haciéndolo.

Quiero agradecer a mis amigas y amigos, y a todas aquellas personas que durante todo este tiempo me han dado su palabras de apoyo, un abrazo o simplemente un “te admiro por tu lucha”. Todas estas muestras de afecto, solidaridad y complicidad han sido vitales para seguir adelante. Igualmente a mi compañera sentimental de entonces, Emma de Ramón.

Quiero agradecer también, la presencia de las autoridades de los tres poderes del Estado; el Presidente de la Excelentísima Corte Suprema, algunos de sus Ministros. Esto es una señal clara de que en nuestra República existe la preocupación por adecuar las instituciones a las actuales y reales necesidades de los ciudadanos chilenos.

El tiempo perdido de nuestras vidas como una “familia excepcional y no valorada socialmente”, no vienen a remediarse con la sentencia de la Corte Interamericana. La lucha dejó de ser personal ante el inexorable paso del tiempo y se transformó en política. Por ello, nuestro caso particular se transformó en un Caso emblemático, pero era absolutamente necesario para restaurar el imperio del derecho a la Igualdad en Chile.

Esta sentencia viene en dignificar a todas aquellas madres lesbianas y padres gays que han debido soportar estigmas, conculcaciones de sus derechos, y el reproche social por su condición o han tenido que invisibilizar y silenciar su vida afectiva por temor a perder la custodia de sus hijos. A ellos les quiero dedicar esta sentencia. Para que nunca más en Chile a esos padres y madres que tienen compañeros permanentes del mismo sexo, les quiten la tuición de sus hijxs por su sola condición de tales.

Muchas Gracias. 


sábado, 1 de septiembre de 2012

Tortas vienesas


Por Laura Ramos


Ella pasó a la inmortalidad como la paciente homosexual de Freud. Y el objeto de su amor quedó en la leyenda como la extravagante baronesa invertida. Una abrió interpretaciones muy enfrentadas sobre el lesbianismo en el psicoanálisis y la otra sigue siendo objeto de estudios recientes que recuperan más y más crema para el postre.
Sidonie Csillag
A fines de 1918, al término de la primera guerra, una joven a la que conoceremos por el surname de Sidonie Csillag fue llevada por sus padres al consultorio del profesor Freud, en Viena. Los padres, miembros de la burguesía austríaca, le pidieron a Freud que “enderezara” a su hija, pero él sólo aceptó verla unos meses y luego decidir si la trataría. Al entrar en el consultorio Sidonie hizo una reverencia e intentó besar su mano, gesto que él rechazó.
Un año antes, a los diecisiete, Sidy había pasado las vacaciones de verano en el hotel Panhans del Semmering austríaco, un establecimiento de lujo con peluquería, salones de juego, cotos de caza mayor, establos con caballos y canchas de croquet. Vio por primera vez a la baronesa Léonie von Puttkamer, que paseaba por los senderos de los bosques del brazo de otra mujer, en una ocasión en que escapó al jardín a escondidas de su institutriz. Se enamoró de ella de inmediato.
La baronesa, hija de una familia de la nobleza prusiana, era una bellísima cocotte que vivía en una relación triangular, o al menos eso se decía, con el matrimonio Waldmann en un edificio moderno de la Linke Wienzeile. De regreso de sus vacaciones, ya instalada en Viena, Sidonie fue presa de una ardorosa necesidad de volver a verla. Apenas conoció sus señas comenzó a perseguirla por las calles, aunque no se atrevía a hablarle. Un día de lluvia se detuvo junto a ella mientras la baronesa esperaba la llegada del tranvía Kettenbrückengasse. Al verla parada a su lado, entumecida de frío, tomándola por una colegiala de la zona, la dama le preguntó si su colegio se encontraba cerca. Sidonie le respondió con el rostro rojo de vergüenza: “El único motivo por el que estoy aquí es para verla a usted”. Esa tarde comenzó su rara amistad, tan espiritual como febril, despareja y turbulenta. Todas las mañanas la baronesa recibía ramos de tulipanes, de lirios blancos, de rosas rojas que no hacían sino acicatear un amor furioso y violentamente sexual en la adolescente.
baronesa Leonie von Puttkamer
La escena a la que Sigmund Freud alude en sus escritos sobre el caso que denomina “La joven homosexual” transcurrió en la misma ciudad de Viena un año después del encuentro en la parada del tranvía, alrededor del mediodía. Sidonie caminaba por la calle Wienzeile en compañía de su amada, que estaba paseando a su perro ovejero, cuando inadvertidamente vio a su padre conversando con un hombre en la vereda de enfrente. Ellos no podían ignorar la reputación de prostituta de lujo que pesaba sobre la baronesa. El hecho contundente de que su padre advirtiera que ella era amiga de una célebre “invertida” significaría su perdición. En ese momento creyó ver que él le lanzaba un vistazo indignado mientras le extendía la mano a su amigo en señal de despedida.
“Mi padre, ahí enfrente...”, le murmuró a Léonie, a modo de explicación antes de salir corriendo por la calle hasta perderse. Al rato volvió hasta ella, pero la libertina, ofendida, la despidió fríamente: “Todo esto sólo me arruina el humor. Ahora vete, adiós”. Las versiones sobre lo sucedido a continuación varían, pero no hay dudas de que de una manera u otra, después de recibir esta respuesta Sidonie llegó a la estación de tranvía Kettenbrückengasse y se arrojó a las vías.

LA ORQUIDEA Y EL DAMASCO

El intento de suicidio no tuvo éxito. Al día siguiente, como prenda de reconciliación, Sidy le envió a la baronesa un ramo de orquídeas rosa oscuro que le abrió las puertas del salón de tapices damasco. Léonie, recostada sobre un diván oriental, le hizo un gesto para que se sentara a sus pies y besara su mano. Sidonie lo hizo, pero sus juegos no llegaron mucho más allá de la lectura de Josefine Mutzenbacher, un libro no demasiado obsceno. Durante un encuentro posterior, en París, Léonie fue mucho más allá: aceptó que su admiradora lamiera sus guantes. En un precioso ensayo publicado en 2004 por Las12, María Moreno –con su gracia, su ironía, con su genio– apunta que “Sidy amó perramente a la baronesa pero ésta –y no es poco– la preservó como excepción y como refugio fuera de sus series libertinas.”
Freud aceptó recibirla cinco veces por semana, a las tres y media, en su consultorio de la calle Bergasse número 19. Ella juró no ver más a la baronesa, pero rompió su promesa todas las tardes, luego de las sesiones, en el café Herrenhof. Sidy mentía a su padre y también a Freud: “Puesto sobre aviso por alguna ligera impresión, le comuniqué un día que no iba a dar fe a esos sueños, que eran mendaces o hipócritas, y que ella tenía el propósito de engañarme como solía engañar al padre”, dejó él registrado en sus notas. También escribió sobre la aparente colaboración de la paciente con el tratamiento: Sidonie tenía “una férrea voluntad de imponer su modo de vida... Los paralelos con el comportamiento que tiene hacia el padre son evidentes y representan un doble obstáculo... En nuestra muchacha no era la duda, sino el factor afectivo de la venganza contra el padre, lo que posibilitó su fría reserva... Interrumpí, entonces, tan pronto hube reconocido la actitud hostil de la muchacha contra su padre...”. En septiembre de 1919 Freud sugirió que Sidy continuara el tratamiento con una psicoanalista mujer. Un año después publicó el ensayo Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina.

ENVUELTA SIEMPRE EN SUS PIELES

En su biografía, Sidonie Csillag la joven homosexual de Freud, las vienesas Inés Rieder y Diana Voigt revelan parte de la mitología que envolvía a la baronesa Puttkamer. Se decía que desde su infancia se complacía en azotar a los ponies de su trineo envuelta en pieles de zorro, que utilizaba a dos pececitos ubicados en su bidet como juguetes eróticos, que seducía señoras en la Pensión Elvira, donde conquistó a la dama de honor de una princesa, que intentó envenenar a su marido. Albert Gessmann, o Bertschie, solía llevarle a su esposa varones apuestos para oficiar de voyeur. Pero Bertschie no era feliz: “Yo que soy cortejado y deseado por tantas mujeres, ¡tengo que tener afición justo por aquella mujer que no me puede ni ver! ¡Y para eso debo trabajar, para eso debo mantener a esta mujer!”. Acusada de intentar envenenarlo con arsénico, la baronesa llegó, siempre envuelta en sus pieles, al Tribunal Regional de Viena. Sidy acudió como testigo: “El, que por su profesión de agrimensor trata mucho con exámenes clínicos y seguramente conoce los efectos de los venenos, puede haber introducido esta pequeña cantidad de arsénico por sí mismo en el recipiente”, declaró. Entonces Bertschie esgrimió el artículo 129 bis, que prohibía las relaciones contrarias a la naturaleza. Con el fin de impedir que fueran esgrimidas como pruebas, Sidonie sobornó a una criada para robar las cartas comprometedoras de su amada. La baronesa sabía lidiar con la ley desde su juventud, cuando debió iniciarle un juicio por alimentos a su padre. El había dejado de mandarle la pensión, acusándola de prácticas degeneradas.
De modo que no reparó en gastos a la hora de acusar a Bertschie de obseso sexual, de aludir a “posiciones de misionero” o a mencionar el laboratorio de fotos pornográficas que funcionaba en el sótano de su casa (y la inclusión de especies no humanas en el gabinete). En 1924 lo denunció por difamación, extorsión, inducción a prácticas prohibidas por el artículo 129 bis y engaño a la autoridad.
En su seminario La angustia, Jacques Lacan describió el fracaso del análisis de Freud de la “joven homosexual”. Lacan procuró mostrar que el análisis podía ser llevado más allá del punto donde Freud se había detenido: el complejo de castración. En su libro La sombra de tu perro, discurso piscoanalítico, discurso lesbiano, cuya tapa ultrasensual ostenta una foto de la baronesa recostada sobre su diván abrazando a su perro, el psicoanalista Jean Allouch apunta que cuando se publicó su texto, en 1920, Freud estaba lejos de ser neutral o inocente con respecto de lo que llamó “homosexualidad femenina”. Y se refiere a la conocida sexualidad de su hija, Anna Freud.
Tomado de Página/12 http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-2599-2012-08-31.html

miércoles, 5 de octubre de 2011

Peru: Las Lesbianas y el Aborto

Por Verónica Ferrari (Lingüista y activista del MHOL)

Tomado de http://www.ciudadaniasx.org/ (Activismo Cultural y Derechos Humanos)

¿Por qué existen tantas lesbianas activistas en pro de los derechos reproductivos de las mujeres (heterosexuales)? ¿Por qué existen tantas lesbianas trabajando a favor de la despenalización y la legalización del aborto? Creo que he conocido a más lesbianas como activistas pro aborto que como activistas de la causa LGTB.
Nunca me había hecho esas preguntas tan seriamente hasta que me uní a un colectivo que lucha porque las mujeres tengan acceso a información sobre aborto que les pueda salvar la vida. Información segura, gratuita y al alcance de todas. Información que toda mujer que tenga prácticas heterosexuales debe conocer. Un grupo del que estoy orgullosa de participar porque me parece la iniciativa feminista más potente de los últimos años: posibilitar que las mujeres manejen la información que las hará dueñas de sus vidas.
Es en ese momento en el que yo también replanteo mi posición frente a las mujeres que abortamos. Porque siempre, a pesar de que yo misma había pasado por un aborto, nunca le había prestado atención al tema. Lo miraba de una forma lejana y fría. Casi como si a mí misma no me hubiera pasado. Como si fuera algo de lo que no se tiene que hablar después de que sucede. Como si debiera quedar en el más triste de los olvidos.
Mi aborto no fue traumático y no me generó ningún sentimiento de culpa, excepto el de no haber tomado las medidas adecuadas para que no me embarazara. Es decir, yo me lamentaba del descuido de haberme embarazado teniendo yo las posibilidades y los recursos para acceder a información y métodos que pudieran protegerme, información y recursos que otras mujeres no tienen. Yo no me lamentaba y nunca me lamenté de abortar. Es más, me sentí muy bien de poder decidir lo que quería para mí.
Pero este es un tema que no hago público como sí hago público mi lesbianismo. Tal vez porque es un tema que está rodeado de una atmósfera más ominosa, oculta y compleja; y también porque carecemos de referentes. Ahora estamos familiarizados con todo lo LGTB a diario. Vemos en los noticieros noticias sobre la homosexualidad narradas por conductores homosexuales. Más tarde más conductores homosexuales. Y en la noche más programas con gente homosexual. La televisión peruana está llena de gente LGTB (claro, ninguna de esta gente es activista y creo que les importa muy poco si nos matan, nos humillan o no nos dejan vivir con todos los derechos que deberíamos tener. Tiene mucho que ver con la normalización que da el dinero o la clase social).
Pero del aborto no se habla si no es para acusar a las mujeres de desnaturalizadas o malas madres o para ver de vez en cuando el debate entre las feministas y los curas, o los políticos conservadores y los progresistas, y algún periodista que se cree neutral. Y ahí acabó el asunto. El debate se constriñe a unos cuantos actores y las actrices principales en esta película repetida nunca son tomadas en cuenta.
He visto cantidad de veces a personas LGTB salir del clóset, pero he visto a pocas mujeres hacer lo mismo sobre el aborto. Incluso yo solo lo hablo con mis amigxs más íntimos, aunque siempre he tenido la necesidad de hablar en primera persona sobre esto en cualquier parte. Parece que fuera un tema del que no se puede hablar en voz alta sino solo en pequeños grupos, en sitios cerrados o en espacios adecuados. A pesar de que, así como todxs conocemos a alguna persona LGTB, todas conocemos a alguien que ha abortado, si no son nuestras amigas, es algún familiar. Puede ser nuestra madre, nuestra tía, nuestra hermana, nuestra prima o nuestra hija. Cuando no, nosotras mismas.
Tiene mucho que ver en el silencio la culpa cristiana con la que se nos ha educado. El temor a Dios y al pecado. A pesar de que muchas de nosotras no creemos en ese Dios ni en ese pecado, sí vivimos con la culpa. Consciente o inconscientemente la vivimos, y eso nos hace guardar silencio. Y si nosotras, mujeres que hemos sido formadas para ayudar a otras mujeres a empoderarse y ser dueñas de sus vidas, nos avergonzamos y no lo hablamos, que será de aquellas que no han recibido esta formación.
Esta situación también tiene que ver con el discurso que se maneja de parte de la iglesia, los medios de comunicación y el Estado. No me voy a poner a discutir aquí sobre la vida, el niño o el asesinato. Esos discursos no me interesan, son los mismos que se usan siempre para imposibilitar que las mujeres sean dueñas de sus vidas, de sus cuerpos y de su futuro. Esos discursos solo nos hacen girar en círculos de los que no podemos escapar cuando mucha de la culpa que se nos inculca a nosotras debería recaer en un Estado inoperante y genocida que permite que las mujeres mueran por abortos clandestinos inseguros e insalubres, y en una iglesia que nunca ha permitido que las mujeres tomen las riendas de sus vidas (ni lo permitirá) y en una prensa superficial, machista y retrógrada. Estos discursos están construidos bajo una lógica medieval que de solo repetirlos me asquea.
Quizás un primer paso para transformar estos discursos es asumir que todas somos mujeres que abortamos, así como asumir que todas somos lesbianas, así no hayamos abortado, así no seamos lesbianas. Es solo un paso. Asumir que nada nos es ajeno puede originar una real transformación, una verdadera inclusión. Una mirada desde dentro y no superficial, como generalmente se asumen estas luchas por el aborto, puede generar un acercamiento más humano a una realidad vivida diariamente por las mujeres.
Pero ahora yo solo quiero hablar de por qué a mí no me es ajeno el tema, y por qué a muchas otras lesbianas tampoco.
Primero, porque somos biomujeres y no somos ajenas al hecho de embarazarnos de una u otra forma. El hecho de ser lesbianas no nos aleja de prácticas heterosexuales en algún momento de nuestras vidas o de convertirnos en madres querámoslo o no. Vivir como lesbianas tampoco nos protege de ver violentadas sexualmente.
Segundo está el hecho de que todo el tiempo han querido controlar nuestras vidas, nuestros cuerpos y nuestros deseos. Han querido convertirnos en heterosexuales haciéndonos creer que la heterosexualidad trae una serie de “beneficios” para las mujeres: legitimidad (ser mujer) y realización (ser esposa y madre). “Beneficios” que se logran, en muchos casos, luego de ceder y perder autonomía y libertad. El hecho de vivir una serie de opresiones para convertirnos en mujeres “verdaderas” desde la más tierna infancia hasta nuestra vejez hace que estemos más sensibilizadas con la problemática de todas las mujeres y más comprometidas que muchas otras en luchar porque las cosas cambien.
Tercero, muchas de nosotras vivimos nuestro lesbianismo de una forma política. Creemos que nuestras vidas son agentes de cambio, agentes que transgreden y subvierten el orden establecido. Vidas que construyen otros modelos desligados del sistema político heterosexual que condena a las mujeres a vivir subsumidas bajo un orden social machista, misógino y patriarcal que construye, produce y mantiene relaciones de género jerarquizadas, hegemónicas y desiguales que solo nos perjudican, lastiman y destruyen. Feminicidios, violaciones sexuales infantiles intrafamiliares, embarazos adolescentes, violaciones correctivas, crímenes de odio, abortos inseguros y clandestinos, acoso y chantaje sexual, lesbofobia, etc. El perverso sistema político heterosexual sigue siendo el más grande genocida de la vida de las mujeres. Y ahí se encuentra nuestra lucha más radical.
Es por eso que este 28 de setiembre, día de lucha por la despenalización del aborto, reafirmo mi identidad lésbica y mi compromiso con todas nosotras, las mujeres que abortamos. Soy una lesbiana que ha abortado y que también es madre, pero ninguno de las experiencias que he vivido me parece más importante que la otra. Todos me han servido para vivir en carne propia la experiencia de millones de mujeres en el mundo. Como lesbiana quiero un mundo en donde no tenga que esconderme ni morir por amar a otra mujer. Como mujer que ha abortado quiero un mundo en donde más mujeres puedan decidir sobre sí mismas sin injerencias ni imposiciones de ninguna clase. Como madre solo quiero que mi hija sea feliz si es lesbiana, si decide abortar o si desea ser madre. Y que nadie nunca pueda ejercer ningún poder sobre ella, sobre su vida, sobre sus decisiones, sobre su cuerpo, sobre sus deseos o sobre su futuro.

lunes, 1 de agosto de 2011

¿Eres Lesbiana?



Por Beatriz Sotomayor


Como una mujer que está abiertamente en contra del machismo, y que no quiere cosas que desde el estereotipo de ser mujer se supone que yo debiera querer, más de una vez me han preguntado después de hablar un rato conmigo: ¿Eres lesbiana?


Cuando me hacen la pregunta con L, yo pienso que:


- No es asunto suyo, no estoy diciendo que yo sea o no heterosexual, considero que excepto en circunstancias MUY especificas no es relevante.



- ¿Esta persona quiere saber si estoy disponible para él o ella sexualmente?



- ¿Está persona busca clasificarme? Y desde ese punto de vista desechar lo que yo digo, pues si soy lesbiana, lo que diga será tratado como información anecdótica (porque una lesbiana fuera del porno es como un manatí en la Luna, claramente), o demostrará que lo que digo no tiene peso porque estoy “enojada y resentida”.



En fin, aparte de las mujeres reales que desean y aman a otras mujeres, la idea de lo lésbico en abstracto, onda filosóficamente, es también relevante para todas las mujeres, las que se consideran como tales y lxs que son consideradxs por otros y otras como tales.


Lo que señala Suzanne Pharr en su ensayo “Homophobia a Weapon of Sexism”(o en español la homofobia un arma del sexismo) me hace mucho sentido, las mujeres que son etiquetadas como lesbianas, lelas o tortilleras, siempre es porque se piensa que han “cruzado la línea” de alguna manera:


Desde está lógica las feministas son etiquetadas como lesbianas (feminista y lesbiana son cosas distintas, aunque muchas mujeres puedan ser las dos).


“Ser una lesbiana es ser percibida como alguien que ha cruzado una línea, que ha salido de la dependencia sexual/económica de un varón, que se identifica con las mujeres. Una lesbiana es percibida como alguien que puede vivir sin un hombre, y quien por lo tanto esta (aunque suene ilógico) contra los hombres. Una lesbiana es percibida como estando fuera de lo aceptable, del orden rutinario de las cosas … Una lesbiana es percibida como una amenaza a la familia nuclear, a la dominación y control masculino, al corazón mismo del sexismo”


Jessica Valenti en su libro Full Frontal Feminism señala respecto a este párrafo:


“Entonces, no es realmente que haya mujeres amando mujeres lo que le molesta a la gente – es que están transgrediendo, rehusándose a conformarse a las percepciones sociales de lo que las mujeres supuestamente somos”.


Comentario por Toli de Ideas Sin Género ILGA LAC

http://ideassingeneroideasdetodaindole.blogspot.com/

Creo que se debe cuidar de aportar al imaginario de un lesbianismo “esencialmente” más cerca que lejos del feminismo. Si bien, es cierto, que la lesbiana rompe con el modelo de subordinación que más reconocemos; no rompe –producto del ejercicio permanente de poder de la masculinidad patriarcal- con las nuevas recreaciones que impulsa (el patriarcado) y que han servido pa facilitar su reproducción. En ese sentido afirmo la influencia del contexto en las prácticas humanas y no dudo en plantear que existe un lesbianismo hétero supeditado a los mandatos del sentido común (así también maricas, travestis, queer que también lo son). Lo anterior cobija la idea de que la heterosexualidad no es sólo una práctica sexual, sino que es un mecanismo de dominación- como implícitamente advierte Beatriz-y que el lesbianismo como práctica política se ha visto inhibido por sus impactos. Feminista y lesbiana no son lo mismo dice Bea. Yo me cuelgo de esa afirmación, porque lo que hace es abrir espacio al debate de la relación feminista/mujer/lesbiana. Allí me detengo.


La heterosexualidad es una institución, un régimen político. Afirma las relaciones económicas, sociales, políticas que entroncan un cuerpo “masculino” con uno “femenino”. La heterosexualidad es una manera de pensar, es una ideología que rige los comportamientos, es la herramienta de reproducción del poder patriarcal y ordena el mundo a través del comportamiento cultural de las categorías hombre/mujer. Una mujer heterosexual, planteo, no es una mujer feminista, pues es producto de este pensamiento. Una mujer feminista transgrede la comprensión de la heterosexualidad como una mera práctica sexual y denuncia sus impactos. Una feminista, de otra forma dicho, no debe ser heterosexual, puede tener prácticas sexuales heterosexuales, pero deben estar desasidas de la supeditación que esta institución implica (lo que es un paso ineludible de nuestra fuga de las lógicas dominantes).


La Bea describe un pensamiento sobre la transgresión del mandato de supeditación económica/afectiva que representan las lesbianas en relación a un hombre. Si bien esta rebelión desestabiliza el ideario político hétero, pensar en los embates del mercado (la lesbiana no inventó el mercado, el mercado inventó a la lesbiana así lo veo por ejemplo con las T.A.T.U); en el modelo clasista The L world (todas regias, estilizadas, deseables); en el uso farandulezco de la sujeta lesbiana que se ha ido acrecentando (la noticia sobre el lesbianismo de Marlén Olivari en RS fue de lo más leído); en la defensa liberal de la noción de matrimonio (forjada en la defensa de un patrimonio al que no acceden las mujeres , ni las lesbianas del mismo modo que los varones); en la violencia que existe en las relaciones lésbicas (pienso incluso en la práctica política que aplica la metodología del silencio como una expresión de la violencia, pues lo que no se nombra no existe) entre otras, alertan sobre procesos de heterosexualización que minimizan los impactos de la transgresión de vivir por y para una misma. Una lesbiana también puede ser heterosexual y reproducir radicalmente ese régimen aunque no tenga sexo con un varón. El otro día leí una entrevista a una lesbiana que se autodefinía como “femme” que realiza fiestas que se llaman mundos o vidas paralelas –algo así-¡me apenó la entrevista! que es un gran ejemplo pa lo que indico. Una lesbiana heterosexual no es una lesbiana feminista. La lesbiana –al igual que la mujer- no es feminista si no cuestiona y actúa en contra de esta institucionalidad.



¿Cuando se habla de feminista en quién estamos pensando? Si sigo lo de los párrafos anteriores diría en una mujer o lesbiana que no son heterosexuales, pues esto exige la reflexión y el cuestionamiento de la opresión expresada por la heterosexualidad. Dicho pensamiento ha naturalizado tantas posiciones, que no es malo recordar la denuncia que el lesbofeminismo dejó caer sobre un feminismo que no era capaz de pensarse fuera de los marcos interpretativos de la heterosexualidad. Aunque Julieta Kirwood nos diga “el feminismo soy yo”, me pasa que en el ejercicio de nombrar feminista se me aparecen categorías dominantes: héteros, blancas, clase media, urbanas. Puede ser mi problema, pero la existencia de un feminismo hegemónico, habla de una lógica política de dominación institucional hétero. ¿Cuán hegemónica soy?, es algo que verdaderamente me preocupa…Vale decir que no son pocas las voces que han informado y reflexionado sobre la relación compleja entre lesbofeminismo y feminismo de la mujer heterosexual (si el feminismo es de mujer heterosexual, entonces es feminismo heterosexual)


Una feminista puede construirse como lesbiana o mujer. Ambas se asumen como potencia transformadora, ambas transforman si se desvisten del ropaje heterosexual. Asumo que si la influencia del contexto las paraliza - aunque suene angosto- estamos al frente del triunfo del pensamiento heterosexual. Una mujer feminista asume ser lesbiana estratégicamente; lo mismo la lesbiana. El feminismo releva nuestras diferencias e intersecta nuestras prácticas, múltiples y diferenciadas opresiones en pro de la desestabilización radical de la masculinidad. Probablemente sentir que se ama a las mujeres facilite un paso adelante en la transformación cultural, pero si esto no va aparejado con una práctica feministamente reflexiva, probablemente haya incluso una mayor posibilidad de fortalecer el ideario dominante en vez de desarmarlo. Pa no latear más y seguir ampliando hacia otros tantos temas (siempre con una tónica introductoria) lo que me propuse en un inicio, es sugerente pensar en qué nos está haciendo heterosexuales y que nos construye como lesbianas o como mujeres feministas. Podría pensar en que ser feminista nos iguala del todo pa lo cual desechar la categoría lesbiana y mujer sería viable, sin embargo, la cosa no es tan simple...Le seguiré dando unaS vueltas.


Gracias Bea por tu escrito!.

lunes, 30 de mayo de 2011

Diferentes Necesidades






Publicado en el fanzine APOYO, la autora prefirió no firmar su artículo.
Yo fui abusada sexualmente cuando era muy pequeña, y también les ha pasado a todas las chicas con las que he salido. Y todas nosotras hemos necesitado cosas muy diferentes. Antes yo era muy “fuerte” y no me gustaba hablar del asunto para nada y cuando alguien me forzaba a hablar de eso, era muy feo para mí, pero ahora me gusta si alguien me pregunta si estoy bien antes de que me toquen de ciertas maneras, o solamente cuando nos estamos besando, pero la novia que tengo ahorita odia la frase “estar bien”. Quiero decir, que ella no tiene problema cuando me preguntan a mí, pero para ella, “¿está bien esto?” la hace sentir a la defensiva y como que –claro, todo está bien. Ella puede sobrevivir a cualquier cosa. Supongo que a situaciones como cuando tus padres están muy preocupados por ti y te preguntan si estás bien cuando obviamente no lo estas. Entonces esas palabras la hacen querer soltar su cuerpo, pero si yo digo “¿quieres estó?” eso funciona para ella.

A otra novia de veras no quería que le preguntaran nada. Ella solo necesitaba que yo pusiera mucha atención y que fuera capaz de notar si estaba distraída, y después simplemente la sostuviera y la abrazará.



Muchas de las muchachas con las que he estado no quieren o no pueden ser monógamas. Esto es difícil para mí porque de veras sólo me gusta estar con una persona y tengo problemas por ser muy celosa, pero ya estoy trabajando con esos problemas, y creo que algunos de ellos se relacionan con el abuso y con las cosas que le fueron hechas a mi cuerpo, y que mi cuerpo no puede ser amado, descubierto o protegido; muchas veces sólo me siento mal por mi cuerpo y por mi misma, solo quiero que alguien confié en mí y que me ame tanto como a nadie más. Pero también entiendo de donde vienen ellos. Entiendo cómo la monogamia puede hacerte sentir como que alguien es tuyo y que controlas su cuerpo, y entiendo totalmente la necesidad de no sentirse adueñado.

Por mucho tiempo he luchado por estar bien sin la monogamia, pero pienso que ahora debería hablar acerca de esto si tengo una relación y que probablemente debería tomarlo en consideración y quizás no salir con chicas que no quieran ser monógamas, porque siempre termina siendo una batalla dolorosa, cuando ya tenemos suficientes motivos porque discutir. Es difícil porque cuando te gusta alguien y estas en ese bonito tiempo del inicio, en la última cosa que quieres pensar es hablar sobre eso.



Pienso que otra de las cosas que son extremadamente difíciles y con la que he tenido que batallar es cuando pienso que todo está yendo muy bien y después mi novia me dice que actualmente algo está muy mal. Como que últimamente no quería tener sexo. O que ella esta fingiendo orgasmos. O que algo que hago es fastidioso para ella.

Esa es la sensación más fea, y es tan dicil tratar de no tener pánico y decir algo como- ¿Porqué no me lo dijiste? Una vez dije en un tono acusatorio, ¡nunca me lo dijiste! Se siente tan feo haber dicho eso. Estoy tratando de ser muy buena y se que es que ella está tan acostumbrada a fingir, porque esa ha sido su defensa por años, pero todavía es horroroso que yo le haya hecho pasar malos ratos que no necesitaba en su vida.



Y cuando eso pasa, es muy difícil no asustarme y no echarle la culpa a propósito a ella por dejar que eso pasara. Pero de veras, se que eso es la peor cosa que pudiera hacer, y estoy tratando de aparentar sentirme feliz porque ella está hablando de eso y tiene la confianza de decirme, después tal vez la pueda apoyar y cuando sea apropiado podremos lograr que no pase otra vez. Pero aunque si lo intentamos, algunas veces no funciona, tenemos que seguir hablando, queriéndonos y apoyándonos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Historia y Análisis Político del Lesbianismo III


Historia y Análisis Político del Lesbianismo III
La Liberación de una Generación

Beatriz Gimeno

“No es porque yo no piense en los hombres
que estos me son indiferentes, sino, al contrario, porque pienso”.

Natalie Barney



Un gran gran libro, la autora (ver foto) a veces pierde la capacidad de síntesis, sin embargo entrega información y análisis muy valiosos, aunque controvertidos, en fin recomiendo absolutamente su lectura. Y se lo puede encontrar en línea en biblioteca fragmentada, ver columna enlaces y en Bibliometro.



Tome algunos temas que se tratan en el libro, desde mi punto de vista de una manera muy nueva y diferente, y muy lucida. Y lo cite con una desfachatez de la que debería avergonzarme, asumo que este libro merece mucha atención.

Reseñare este libro en tres artículos, tomando distintos temas, este es el tercero.


La Identidad Lésbiana
“Las feministas lesbianas defendemos una identidad no esencial, sino política; una identidad que no se define por un modelo de deseo inmutable y determinista, sino por la resistencia política a la heterosexualidad como institución política y somos tan poco esencialistas que sostenemos que cualquier mujer puede elegir ser lesbiana para su propio beneficio”.


Lo Personal es político o tómese dos pastillas cada 12 horas

Beatriz señala en diversas ocasiones el papel de médicos y psicólogos en la despolitización del lesbianismo, al explicar un fenómeno desde la genética, la biología o los trastornos del comportamiento, se borra simple y sencillamente el trasfondo sociocultural del tema (la opresión de la mujer), es por esto que Beatriz se opone a las explicaciones genéticas del lesbianismo, pues dice que hay distintos caminos (cita evidencia y ejemplos contundentes) para llegar a ser lesbiana, y precisamente lo ambiguo de su evidencia es lo que apoya su postulado, no se puede decir que una lesbiana solo nazca, también se hace y así ha sido la experiencia de Beatriz Gimeno.

“El psicologo se encargara de borrar todo rastro de explicación política a cualquier subjetividad disfuncional. No se trata de borrar el lesbianismo, sino hacerlo políticamente inofensivo. El contexto de explotación, opresión y discriminación de las mujeres desaparece del análisis para convertirse en una tendencia privada y, por lo tanto, inocua. A cambio de la despolitización se gana en respetabilidad y en derechos individuales”.



El Deseo



Beatriz Gimeno señala que el deseo sexual es mas complejo, y fluctuante de lo que se cree, especialmente en las mujeres:

Si existe una homosexualidad situacional, existe también una heterosexualidad situacional que nunca se tiene en cuenta. Poca gente ha escuchado alguna vez que Ana Frank fuese lesbiana. Y sin embargo lo era, o en todo caso, podía serlo.



Ana escribió en su diario que antes de vivir encerrada se sentía atractivamente atraída por las chicas. Esta parte del diario ha sido convenientemente ignorada, pero conviene recordarla en toda su extensión. “Ya había tenido ese tipo de sentimientos inconscientes antes de estar aquí porque recuerdo que, una vez, mientras dormía con una amiga sentí un fuerte deseo de besarla y lo hice. Me sentía terriblemente curiosa con respecto a su cuerpo. Pero ella lo mantenía siempre oculto y escondido para mí. Le pedí que como prueba de amistad, nos tocáramos una a otra el pecho. Ella se negó. Entro en éxtasis cada vez que veo a una mujer desnuda, como a Venus por ejemplo. ¡Ojala tuviera una novia!”. Pero no había una novia para Ana en su escondite. En cambio estaba su mejor amigo Peter Van Daan.

El día después de escribir lo anteriormente expuesto, Ana confesaba: “mi necesidad de hablar con alguien ha llegado a ser tan intensa que de alguna manera me he convencido de que he elegido a Peter” (…) No obstante todo lo anterior, la relación de Ana Frank con Peter nunca ha sido minimizada por ser considerada propia de una adolescente o causada por las circunstancias o por la falta de compañía femenina, Ana Frank vivía en un mundo similar al nuestro, un mundo que presume que ella era heterosexual.



“La pregunta, pues, es la siguiente: ¿es posible para las mujeres escoger su objeto de deseo de manera que este se corresponda con lo que es una opción política y vital? Es posible y vamos a intentar explicarlo”

Asumimos que es la segunda parte de la ecuación, la identidad o las practicas, las que se pueden modificar, pero no la primera parte, el deseo. No se contempla de manera natural que el deseo puede ser fluido y cambiar y, sobre todo, no contemplamos que el deseo también se construye y que el discurso que lo hace inteligible es una de las herramientas con las que el patriarcado construye la heterosexualidad

Una vez que en ciertas partes del mundo se ha atenuado, o ha desaparecido, la presión sobre determinadas prácticas o sobre determinadas identidades, la presión social va desapareciendo de determinadas prácticas sexuales -prácticamente no quedan perversiones- y se concentra ahora en que deseo, actividad sexual e identidad sean congruentes e inmodificables. Y por supuesto esta sociedad no contempla, sino como enfermedad, que alguien tenga muy poco deseo sexual o que incluso no experimente necesidades sexuales.

Vivimos en una cultura en la que resulta socialmente incomprensible que la práctica del sexo no sea valorada a no ser por enfermedad física o mental, o que se renuncie a él, siempre con gran sacrificio, por alguna motivación socialmente desvalorizada, como la religiosa. La posmodernidad ha instaurado al sujeto deseante como el agente de la historia.

“… Es factible construir el deseo femenino de manera que las mujeres salgan ganando. El deseo puede explicarse y explicarlo no lo hace menos sexual. La posibilidad de que el deseo sexual lésbico tenga un importante componente político y de liberación no lo hace menos sexual. Las feministas lesbianas si distinguimos entre aquellas mujeres que se acuestan con mujeres y aquellas que no lo hacen, pero que podrían hacerlo”.

El feminismo, según Beatriz, ha dejado de enfrentarse a y de analizar la heterosexualidad obligatoria porque “enfrentarse a la heterosexualidad obligatoria devolvería el feminismo a los márgenes del sistema”. Pero, claro seria urgente, pues: “… no hay manera de socavar el patriarcado sin hacer una crítica radical de la construcción heterosexual de la sexualidad y del sistema de dos géneros y hacerla, además, pretendiendo que a ella se sumen millones de mujeres y de hombres en todo el mundo”.

“La heterosexualidad obligatoria incluye la construcción normativa del deseo, pero la opresión de las mujeres esta fundada no solo en el vinculo entre genero y sexualidad, sino también en la apropiación del cuerpo y de la producción de las mujeres. Por ello el heteropatriarcado solo puede combatirse desafiando las normas de la heterosexualidad y del genero activamente”