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domingo, 14 de abril de 2013

Femen, ¿por qué nadie está con ellas?


El grupo ucraniano Femen parece haber desconcertado a todo el mundo y ha generado las opiniones más variopintas. Desde feministas de siempre que las odian a personas que están convencidas de que se trata de un grupo financiado por la CIA para desestabilizar al mundo árabe.

Beatriz Gimeno 09/04/2013 para Pikara Magazine

Fotografía: http://femen.org/

Un rápido vistazo a las redes me ha convencido de que, en general, no despiertan mucha simpatía dentro del feminismo y fuera de él casi nadie se las toma en serio. El desconcierto feminista, a mi entender, tiene que ver con varios aspectos que al mezclarse, dan como resultado una amalgama compleja a la que voy a intentar acercarme. El principal problema, a mi entender,  es que miramos a Femen desde nuestra propia historia y cultura política, y no desde la suya.
A primera vista los objetivos políticos expresados por ellas mismas en sus páginas de Facebook o ensu web original parecen, como poco, ingenuos. Según su propia definición Femen es: “una organización de mujeres activistas en ‘top less’ que defienden su igualdad sexual y social en el mundo”. Añaden cosas como que el grupo “quiere mejorar las oportunidades de las mujeres en el mundo y (…) desarrollar el liderazgo, cualidades intelectuales y morales de las mujeres jóvenes (en Ucrania)” Esto es tan general y vago que mucha gente piensa que el único objetivo de Femen es salir en la televisión, lo que estaba asegurado una vez que enseñan las tetas.
Femen no despierta mucha simpatía dentro del feminismo y fuera de él casi nadie las toma en serio
En contra de esta interpretación hay algo que no debemos pasar por alto: que como consecuencia de esas protestas  algunas de sus activistas afrontan importantes penas de cárcel, violencia policial etc. Recordemos que lo que aquí no pasa de ser una falta o un delito menor puede ser un delito grave en algunos de los países exsocialistas como Rusia o Ucrania. Recordemos también que Femen es de las pocas organizaciones que realizan un activismo claramente antireligioso con acciones que dejan pálidas a aquella que aquí consistió en hacer topless en la capilla de la Complutense. Recordando lo que ocurrió entonces, (únicamente por sacar las tetas) podemos imaginarnos lo peligroso que es hacer jueguecitos sexuales con la cruz en una iglesia ortodoxa.  A mí me parece admirable que sean capaces de entrar en una iglesia y arrancar los símbolos religiosos, o protestarle al papa en las narices, en pleno Vaticano. Es una acción pacífica, no daña a las personas, pero es de un enorme simbolismo y nada comparable al daño que estas iglesia nos hace a las mujeres.
El peligro físico que esas activistas corren, que es real, cada vez que protestan se olvida con mucha ligereza y, en cambio, desde sectores del feminismo se critica su uso del desnudo como reclamo. Aquí se mezclan –de nuevo- varias cosas. Por una parte, allí (aquí) donde una parte del feminismo se ha institucionalizado y ha accedido a espacios de poder (con todo lo que esto tiene de positivo) se abandonan otros espacios más cuestionables, y en lo que se refiere a este sector del feminismo, uno de los espacios que se han ido abandonando es el del sexo. Cuando nuestro feminismo fue ocupando espacios políticos “serios” rechazó lo sexual porque ya sabemos que el ideal de lo cívico descansa en la oposición entre razón, por un lado, y  cuerpo y deseo por el otro. Así, lo sexual queda fuera del ámbito de la ciudadanía y aunque esta separación fuera denunciada en su día por el feminismo, éste ha ido cayendo en lo mismo que denunciaba según alcanzaba mayores cuotas de poder (poder necesario y legítimamente deseado, por otra parte). Pero, además, ocurre que vivimos rodeadas de representaciones misóginas del cuerpo de las mujeres: en la publicidad, en la pornografía, en el arte, en la cultura en general…y que esto nos ha empujado a veces  -a todas las feministas- a mirar con suspicacia casi cualquier representación sexual del cuerpo femenino.
Cuando nuestro feminismo fue ocupando espacios políticos “serios” rechazó lo sexual porque ya sabemos que el ideal de lo cívico descansa en la oposición entre razón, por un lado, y  cuerpo y deseo por el otro
Es normal este rechazo, pero también es peligroso porque pasamos por alto las posibilidades cuestionadoras del orden social, liberadoras, trasgresoras…de la sexualidad. Y aun sabiendo que la sexualidad está en la base misma de la ideología patriarcal, renunciamos a politizarla adecuadamente. En realidad, hemos sido expropiadas de nuestro propio cuerpo y a veces no nos damos cuenta.
Teniendo esto en cuenta que suele hacer referencia al feminismo clásico, en el caso de Femen podríamos pensar entonces que “el otro” feminismo, el feminismo queer, el feminismo proprostitución, el feminismo postporno etc. vería con simpatía esta forma de protesta. Y sin embargo nos encontramos con que tal cosa no sucede. En este caso creo que la razón no es la forma sino el fondo. Femen surgió como organización con el objetivo prioritario de luchar contra la legalización de la prostitución  que el gobierno de Ucrania planeaba llevar a cabo con motivo del campeonato de fútbol en 2012 y  con el objetivo de que la compra de servicios sexuales se convirtiera en un delito. Desde entonces, este es su principal campo de batalla.  Es decir, Femen saca las tetas para protestar por todo aquello que a este feminismo le parece bien, contracultural, trasgresor y, por tanto, casi automáticamente defendible. Y justo porque saca las tetas es rechazado por el otro feminismo, que opina que Femen fomenta los estereotipos sexistas. Así que Femen no tiene en la Europa postfeminista (no me adhiero a esta etiqueta) quien le defienda y, por el contrario, molesta a todo el mundo. No parecen reprimidas ni moralistas sexuales, como las partidarias de la prostitución acusan a las antiprostitución (a veces como único argumento) Y, al mismo tiempo, para denunciar la prostitución se desnudan en público, cosa que no les parece bien a las feministas clásicas.
Femen saca las tetas para protestar por todo aquello que a este feminismo le parece bien, contracultural, trasgresor y, por tanto, casi automáticamente defendible
Es en este punto donde quizá no estamos teniendo en cuenta el contexto sociocultural en el que surge Femen, muy diferente del nuestro. Femen es fruto de una historia política y una sociedad radicalmente diferente (al menos en los últimos 50 años) de la muestra: la de los países ex socialistas y ahora ortodoxos y brutalmente neoliberales; una cultura que  se ha dado de bruces con la situación actual de reacción neoliberal antifeminista pero que no ha conocido las luchas feministas de los años 70 y 80; una sociedad y una cultura política que no ha  conocido tampoco políticas de Estado a favor de la igualdad y en la que la igualdad de género no ha sido jamás un tema en la agenda política de ningún partido. Las propuestas feministas de Femen nos suenan a nosotras increíblemente ingenuas, casi anacrónicas. La entrevista publicada en el diario Hoy hace unas semanas revela esa ingenuidad y nos muestra un feminismo puramente defensivo y poco elaborado teóricamente. Hace 30 años también yo veía debates en la televisión en los que se acusaba a las feministas de ser feas e ir mal vestidas y peinadas. Es posible que las feministas de Femen no hayan incorporado la teoría queer a sus planteamientos, pero de lo que no cabe duda es de que sufren formas brutalmente patriarcales que nosotras creemos en ocasiones haber superado, lo que no es cierto; tan sólo las hemos estilizado.
Quizá ellas no se han enfangado todavía en el debate sobre la prostitución, simplemente sufran las consecuencias de un país convertido en un enorme prostíbulo y las consecuencias que eso tiene para todas las mujeres. Sufren las violaciones sin castigo, la violencia cotidiana y las discriminaciones, y han decidido protestar de una manera llamativa y que, de paso no deja de recordarnos que el cuerpo es nuestro campo de batalla, todavía. Nos recuerdan que apropiarnos de nuestros cuerpos para sexualizarlos, protestar, mostrarlos,  escandalizar, molestar…es aún nuestro derecho y todavía puede ser  una estrategia útil. Femen y la represión que sufren cada vez que enseñan las tetas nos recuerdan también –de manera muy palmaria- la aparente paradoja de que vivimos en un mundo en el que el cuerpo femenino es mostrado sin problema en la publicidad para vender todo tipo de cosas; es utilizado en la pornografía que se vende libremente en cualquier quiosco o librería a la vista de todo el mundo; es mostrado continuamente en la televisión, la fotografía o el cine sin ningún problema, todos los días a todas horas (y desde luego no estoy diciendo que no debiera verse/mostrarse sino hacerlo en condiciones de igualdad con los hombres). Pero al mismo tiempo, si ese mismo cuerpo es mostrado por las propias mujeres no para ofrecerlo a la mirada masculina, sino como arma de protesta, entonces parece otro cuerpo (es otro cuerpo en realidad) y se censura.
Es curioso como ese cuerpo se censura o no dependiendo del significado que le demos a su visibilidad y no respecto a su visibilidad misma. Si es para vender un perfume, si es como apoyatura de un relato patriarcal,  puede mostrarse. Si es no comercial y pretende usarse para protestar contra ese relato patriarcal, entonces de repente el mismo cuerpo se vuelve escandaloso y aparecerán policías para taparlo con una manta. Así que cuerpos para vender sí, cuerpos para ser usados sí, cuerpos para someterse también, pero cuerpos en rebeldía no. Las Femen han tenido la desgracia de que no siendo “post…nada” ni postfeministas, ni postporno, ni postmodernas, han decidido mostrar sus tetas casi como si lo fueran.  Y eso ha desconcertado a casi todas.
Aquí os dejo algunos artículos serios sobre el tema que incluyen videos con sus acciones:
http://www.guardian.co.uk/world/2013/mar/20/naked-female-warrior-femen-topless-protesters
http://www.theatlantic.com/international/archive/2013/03/the-woman-behind-femens-topless-protest-movement/273970/

jueves, 11 de abril de 2013

'El feminismo es muy peligroso'

El patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, Kirill. | Efe
Tomado de El Mundo

RUSIA | Días después de la protesta de Femen contra Putin


Las mujeres, en casa. Así debe ser según el patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, que ha dicho que el feminismo "es muy peligroso". A juicio del patriarca Kirill, jefe religioso de la mayor parte de los creyentes rusos, "el feminismo proclama una pseudolibertad de las mujeres para que determinados roles sean puestos por encima del matrimonio y la familia".
El ataque de Kirill al movimiento feminista se produce días después de que varias activistas del grupo Femen protestasen desnudas ante el presidente ruso, Vladimir Putin, mientras visitaba una feria industrial en Alemania acompañado por la canciller germana, Angela Merkel.
"La ideología feminista no se centra en la familia o en traer hijos al mundo, sino en una función diferente de la mujer que la coloca frecuentemente contra los valores familiares", denunció ayer martes el patriarca Kirill en un discurso que fue publicado hoy miércoles en la web oficial de la Iglesia ortodoxa rusa.

Matar a Kirill

Kirill tiene razones para no tener mucho cariño a las ucranianas de Femen. En julio del año pasado, una de sus activistas, Yana Zhdanova,intentó arrojarse contra él desnuda de cintura para arriba durante una visita a Kiev. Sobre su cuerpo llevaba escrito: "Kill Kirill ('matar a Kirill')".
"Las mujeres han de ser ante todo el centro de la vida familiar, las guardianas del hogar", cree el jefe de la principal Iglesia rusa. Aunque al mismo tiempo es capaz de defender que las mujeres participen en negocios o trabajen "por el bien común" -siempre que estas ocupaciones no entren en conflicto con los valores familiares-, Kirill añade que "no es casualidad que la mayoría de las feministas sean mujeres solteras".
El hombre, resume el patriarca, ha de estar enfocado hacia afuera, "a trabajar y ganar dinero" y la mujer hacia adentro de la casa, "donde están los niños". Si esto no sigue siendo así, asegura este conocido partidario de Putin, la patria rusa "puede quedar destruida".
Que las mujeres deban atender su casa no significa que sean inferiores a los hombres. De hecho, Kirill ha alabado a las féminas "por realizar las tareas domésticas y acudir al trabajo" y ha añadido que "esto demuestra que pueden ser buenas esposas y madres y trabajar al mismo tiempo si sus prioridades son establecidas de forma correcta".

martes, 26 de marzo de 2013

¿Por qué existen espacios definidos para mujeres?


Por Gisele Feldman.



¿Se han preguntado porqué existe el día de la mujer, el SERNAM y los ciclos de cine femeninos como Femcine? No es un premio de consuelo por ser mujer. Si bien pareciera como si todo el resto de los días, ministerios y ciclos de cine fueran para hombres, tampoco es así. Estas iniciativas de discriminación positiva hacia la mujer debieran buscar nivelar la cancha en un principio y desaparecer luego. Definitivamente no debiesen estar ahí para siempre, pero en un principio sí son necesarias.
         Es el caso del festival Femcine3 que se llevó a cabo la semana pasada en Santiago. Durante el Punto de Encuentro sobre Cine Femenino en América Latina las panelistas Paula Alves, directora del festival de cine Femina (http://www.feminafest.com.br) y Debra Zimmerman, directora de la organización Women Make Movies (http://www.wmm.com) dirigidas por la directora de Femcine, Antonella Estevez (http://www.femcine.cl) expresaron su punto de vista respecto a este tipo de espacios en el mundo del cine y en general.

         Concordaron en que, como en la mayoría de los espacios públicos, en el mundo de la producción cinematográfica dominan los directores y productores hombres, y las películas con enfoque desde una perspectiva masculina.  La pregunta entonces fue ¿qué se entiende por cine femenino? Si bien no fueron capaces de nombrar una característica identificable de las películas producidas o dirigidas por mujeres, Debra contó una anécdota que podría dar una pista sobre a lo que se refieren.
        
         A Debra le tocó ser jurado en un proceso ciego de selección de estudiantes postulantes a una beca. Sin tener acceso a los nombres de los participantes, una vez terminada la selección pudo comprobar haber identificado correctamente para el 97% de los casos, el sexo del realizador de la película. ¿Cómo? Mediante el test de Bechdel. La mayoría de las películas no pasan esta prueba que consiste en preguntarse tres cosas sobre la película:
1. ¿Hay al menos dos personajes femeninos con nombres?
2. ¿Estos personajes tienen líneas?
3. ¿Hablan de algo más que de hombres?

         Ahora entiendo porqué me encantan películas como La Sonrisa de Mona Lisa o Historias Cruzadas (The Help), son del grupo que definitivamente pasan el test.

         Entonces, estos espacios diseñados para mujeres existen para dar a conocer un punto de vista diferente al que predomina en las esferas públicas, históricamente dominadas por el hombre. Esta perspectiva, que hasta hoy no tiene un espacio definido, si hacemos las cosas bien debiese ser incorporada como parte de la perspectiva de la sociedad toda.

         Si bien más películas sobre mujeres no quiere decir que éstas serán mejor representadas en ellas, al aumentar el número de películas realizadas por mujeres, aumenta la probabilidad de ver mujeres interactuando entre ellas en roles que no sólo hablen sobre hombres. 



viernes, 1 de marzo de 2013

Ahhhh El Amor Romantico pfff


Por Beatriz Sotomayor



Este post esta inspirado en algo que dice la “bruja mala” a la protagonista en la película “hermosas criaturas”: “El amor es un invento de los mortales para mantener entretenidas a sus mujeres y alejadas del poder”, que buena frase.

Me considero cínica y escéptica, pero hago un esfuerzo consciente por preservar mi ingenuidad, porque a pesar de ver y leer todos los días cosas que me sumen en una desazón espiritual tremenda (y la religión no es para mi una respuesta, soy especialmente escéptica acerca de está). Creo que hay profundas corrientes de bondad y generosidad en el mundo, hay días que esto es autoevidente y otros que tengo que recordarlo.

Sobre el amor no se mucho, creo que es un concepto abstracto que me parece sospechoso, sobre todo el amor romántico. Ahora la generosidad, la amabilidad, el cuidado, la paciencia, el cariño, la hospitalidad, esos si que me parecen tangibles y en esas cosas si que creo.

Aclaro, no creo que el amor no exista, pero creo que el discurso y la promesa del amor romántico es el opio de las mujeres (una droga que embelesa y atonta). Es absolutamente efectivo para hacernos dar vueltas en un pequeño sistema solar domestico y privado, excluyéndonos de las esferas publicas, de las esferas del poder social.

Uno de los aspectos que mas alimentan mi escepticismo, es que el amor romántico, como se lo entiende tradicionalmente es estrictamente heterosexual y tiene como final feliz el matrimonio y la maternidad. Es decir,  este amor romántico es excluyente, es decir, tiene funciones de control social.

Y delinea el destino especialmente de las mujeres, confinándola al espacio privado, especialmente si es madre, me explico ¿a cuantos políticos les critican por dejar de lado a sus hijas e hijos?, a ninguno, en cambio a las mujeres en la política les pasa a todas. Y si la mujer en cuestión no se casó, o es solterona o madre soltera.

En fin, más que sentimiento puro o ideal a aspirar, es un mandato social. No niego que enamorarse es mágico, que la pasión existe y se siente y es algo bueno, pero esto de “con los ojos cerrados”  como cantaba (Gloria Trevi, quien ahora canta “y me solté el cabello”) me parece muy peligroso y poco amoroso.


Además, el mito nos pone a las mujeres en desventaja y en una posición de forzada pasividad, los mitos del amor romántico (los cuentos de hadas, y por ejemplo Twilight) implica que la princesa (personaje con quien la niña se identifica) espera, a menudo en situación de cautividad que un hombre venga a salvarla. Eso es lo que les enseña a ellas el mito, a ellos le enseña que son un regalo de Dios para las mujeres. Daria es quien mejor lo explica:


En fin, no estoy contra el cariño, el cuidado, el deseo, la amistad, y el amor genuino entre dos personas (de cualquier tipo), o tres personas o X numero de personas, una relación que definitivamente costará construir puesto que no hay demasiados modelos de amor igualitario alrrededor. Pero que vale la pena imaginar, crear y vivir estos amores.

Estoy absolutamente en contra del amor romántico como obligación y como modelo estándar y excluyente, que resguarda privilegios y acceso a los espacios de poder e influencia solo a los hombres (y a cierto tipo de hombres, por lo demás), confinando a las mujeres al espacio privado, y convirtiéndolas en una categoría relacional: la madre y la esposa. Y no en una persona

lunes, 4 de febrero de 2013

Patriarcado para principiantes


Julia Evelyn Martínez (*)  
SAN SALVADOR - A raíz de una reciente carta que dirigí  a mis compañeras  feministas salvadoreñas en este periódico, he recibido una serie de mensajes – en especial de remitentes del sexo masculino- en los que  me recomiendan  explicar a neófitos y neófitas en la teoría feminista,  algunos términos utilizados en dicha  carta, como por ejemplo: patriarcado, relaciones de poder patriarcal, feminismo, entre otros. Es así como abusando de la  generosidad editorial de CONTRAPUNTO, me he permitido redactar  esta columna para referirme con más detalle al término patriarcado y a su significado, con lo cual espero  hacer una humilde contribución al proceso de conocimiento de este sistema,  como una condición indispensable para el derrocamiento del mismo.
El patriarcado es una forma de organización política, económica, religiosa, ideológica  y social basada en la idea de la autoridad y superioridad de lo masculino sobre lo femenino, que da lugar al predominio de los hombres sobre las mujeres, el marido sobre la esposa, del padre sobre la madres y los hijos e hijas, y de la descendencia paterna sobre la materna. La superioridad de lo masculino sobre lo femenino se expresa en las diversas normas, costumbres e instituciones que regulan la vida de de las personas en las sociedades organizadas bajo el esquema cultural del patriarcado.
Tomemos por ejemplo las normas del idioma  español,  que son conocidas y defendidas por muchos y muchas como “las normas del buen decir”.
De acuerdo a la Real Academia de la Lengua (RAE) define huérfano  como “ una  persona de menor edad a  quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre”. Si el lenguaje es el reflejo la cultura de una sociedad, en el sistema patriarcal, es más huérfano un niño o una niña a la que se  le ha muerto su padre, que la niña o niño al  se le ha muerto su madre. El padre es superior  en importancia a la madre. La definición de la RAE de femenino  y masculino  es otro ejemplo del carácter patriarcal del idioma. De acuerdo a la RAE, lo femenino es “propio de la mujer;  que posee rasgos propios de la feminidad; débil, endeble”; mientras que lo masculino es “perteneciente o relativo a este ser; varonil, enérgico”.
Contrario a lo que generalmente se cree, el patriarcado  no es tan antiguo como la humanidad. Estudios antropológicos e históricos coinciden en señalar que  la aparición del sistema patriarcal ocurrió entre los años 5,000 a 3,000 A. de C. Inicialmente en Mesopotamia, China, Egipto y otros territorios de África.
Su nacimiento coincide con el aparecimiento de las sociedades excedentarias (productoras de excedentes económicos más allá de la subsistencia), hecho que permitió a su vez el surgimiento de la propiedad privada)  y la necesidad de  expansión territorial  y de control de otras sociedades que pudieran ser fuente de medios para la producción de riqueza (como esclavos/as, recursos naturales, etc.).
En la etapa previa al surgimiento del patriarcado existía ya una división social del trabajo entre hombres y mujeres, conocida como división sexual del trabajo. El trabajo social-  entonces como ahora – estaba constituido por dos tipos de actividades: producción de las condiciones necesarias  para el mantenimiento de la vida humana  (trabajo del cuidado o trabajo reproductivo) y producción de medios materiales para la satisfacción de necesidades de la supervivencia humana, mediante la pesca, caza, elaboración de herramientas, etc. (trabajo productivo).
También contrario a lo que comúnmente  se cree, esta división  del trabajo no fue natural sino el resultado de un acuerdo o pacto entre hombres y mujeres, que  se  transformó en  costumbre social. La función de las mujeres en la reproducción humana (gestación y  lactancia) representó el factor determinante en la conformación de esta división social del trabajo,  debido a la mayor especialización en las actividades del cuidado   que podían lograr las mujeres mediante su acercamiento primario con la prole.
Sin embargo, esto no significó  que las mujeres fueran consideradas inferiores dentro de estas sociedades. Por el contrario, en las sociedades de subsistencia,  la reproducción y el  mantenimiento de la vida eran considerados por las personas  como dones preciosos, y lo femenino estaba ligado simbólicamente a estos dones.  Tener una vagina en lugar de un pene no era considerado una causa  de inferioridad sino de proximidad con lo sobrenatural y lo divino. Las deidades eran fundamentalmente femeninas ( Ishtar en Babilonia,  Isis en Egipto, Gaia  en Grecia,  Asherah  en Israel), las mujeres participaban en los rituales religiosos y comunitarios, la  descendencia se definía por línea materna y en muchas ocasiones los hombres abandonaban a sus familias y comunidades para incorporase a las de las  mujeres.
Ahora bien , es preciso aclarar que estas sociedades tampoco  eran matriarcales, es decir, no se trataba de sociedades en donde lo femenino subordinaba a lo masculino, ni tampoco sociedades en las que las mujeres gobernaban y/o ejercían violencia contra los hombres. Eran más bien de sociedades relativamente igualitarias en donde hombres y mujeres se complementaban en la búsqueda de resolver el problema económico fundamental: la subsistencia.
En el transcurso del tiempo y con  advenimiento de las sociedades excedentarias apareció también la necesidad de acumulación de riquezas y de transmisión de la herencia entre generaciones. Los hombres al haberse especializado en  la producción de la riqueza material en la etapa anterior,  asumieron unilateralmente el control de la propiedad  y de la distribución de la misma. En este proceso, se utilizó  la división sexual del trabajo pre-existente como el nuevo  marcador de la identidad y  del poder  de mujeres y hombres dentro de la sociedad.
La esfera del cuidado y de la reproducción  pasó  a ser considerada  “menos importante” , y como un  mundo femenino por naturaleza . Como contrapartida, el ámbito de lo  productivo no solo pasó a ser considerado “más  importante” sino que se configuró socialmente como un espacio por excelencia masculino.  Como resultado, se institucionalizo mediante la costumbre, la religión, la violencia y   la ley la superioridad de los hombres sobre las mujeres.
El proceso de institucionalización del patriarcado comenzó con las invasiones de comunidades de subsistencia   y con las violaciones masivas de sus mujeres, como un ritual de humillación y de sometimiento simbólico de los pueblos a sus invasores. A continuación se procedió a la  imposición de dioses masculinos – con características bélicas y violentas  -  en  sustitución  de las deidades femeninas: Ishtar fue reemplazada por Marduk;   Gaia fue derrocada  por Zeus; Isis fue sustituida por Horus y Asherah lo fue por Yavé. Las nuevas religiones incorporaron en sus mitos fundacionales la idea de la inferioridad de las mujeres y la justificación de la aplicación de la violencia sobre ellas.  Tanto en la mitología griega como en las tradiciones judeocristianas, que van a tener una influencia enorme en nuestra cultura, se insistió en los rasgos de superioridad del hombre, a la vez que se reforzó sistemáticamente la idea de inferioridad, maldad   y dependencia de las mujeres.
El patriarcado se afianzó posteriormente con la instauración de leyes y códigos  inspirados en las ideas de la nueva mitología religiosa y con el objetivo de convertir en normas jurídicas estas ideas. Una de las primeras leyes de este sistema fue  la Ley del Velo, instituida aproximadamente en el año 1,500 A. de C., y que fue sancionada para legitimar el poder de los hombres sobre el cuerpo y la sexualidad de las mujeres, De acuerdo a esta ley, estaban obligadas a usar velo todas aquellas mujeres que  le servían sexualmente a un solo hombre con fines de procreación, a quienes en adelante se les denominó “mujeres respetables”. Estas mujeres para mantener su estatus de respetabilidad, (y no ser victimas de violencia sexual de otros hombres) estaban forzadas a mantener la fidelidad al hombre al que servían sexualmente y a proporcionarle una descendencia legítima y numerosa.
La institucionalización del patriarcado  finalmente se operativizó mediante el establecimiento de la  familia patriarcal (poligámica o monogámica) orientada al  control de la sexualidad y de la función reproductora de las mujeres para asegura hijos legítimos a los cuales traspasar el patrimonio familiar. La subordinación femenina quedo así consolidada.
¿Cómo se ha sostenido desde ese entonces a la fecha el patriarcado?. Como cualquier sistema social, económico ó político,  su reproducción ha sido posible mediante el uso combinado de mecanismos coercitivos (uso de la violencia) y  de mecanismos no coercitivos (proceso de socialización de género).
La violencia de género es aquella que sufren las mujeres “por el hecho de ser mujeres”. Esto significa que es una violencia diseñada y dirigida contra las mujeres con el objetivo de provocarles  daño,  sufrimiento o muerte  a partir de  su condición de subordinación frente al poder masculino. No es cualquier tipo de violencia, sino que  su esencia se define  a partir de su motivación principal: reproducir el estatus de  subordinación de las mujeres al poder masculino ya sea en el ámbito privado o en el ámbito público. Un hombre que golpea, tortura y/o mata a su pareja no lo hace por enojo, celos  o stress. Lo hace para humillarla y someterla a su dominio. Y al someterla y humillarla, implícitamente  le manda un mensaje de advertencia a todas las mujeres del mundo.
Por su parte el proceso de socialización de género es el proceso mediante el cual la sociedad enseña a sus miembros a ser y a comportarse de acuerdo a las normas establecidas por el patriarcado: los niños desde su nacimiento son entrenados  para sentirse superiores a las mujeres, para agredir a las mujeres, para reprimir su ternura y su capacidad de sentir y de amar. Las niñas en cambio son entrenadas para poner su vida en función de agradar (o entretener), obedecer, criar hijos y a ser buenas esposas así como  para sufrir y para resignarse ante la violencia de género. Este entrenamiento para la desigualdad de derechos, es realizada por diversas instituciones (familia, escuela, iglesias, medios de comunicación, Estado)  y persigue un gran objetivo: hacer que parezca natural la desigualdad, la discriminación y la violencia contra las mujeres.
Se acusa muchas veces a las mujeres de ser las principales  “cómplices”  del   patriarcado  e incluso se les tilda de ser las “mayores  machistas”. Esta acusación pierde sentido cuando se comprende que la supuesta colaboración de las mujeres con el patriarcado no es una opción voluntariamente aceptada  sino una imposición del  proceso de socialización de género del cual han sido objeto  desde su nacimiento. Las mujeres son entrenadas por diversos medios para  someterse  al patriarcado y para a promover la sumisión de las demás mujeres (especialmente de las niñas y de las jóvenes). 
En el contexto de la socialización de género, las mujeres aprenden sin saberlo el uso de unas mejores  “armas secretas”  que ha perfeccionado este sistema: la enemistad entre mujeres. Esta enemistad impide a las mujeres darse cuenta de su hermandad en la desigualdad, en  la discriminación y en  la violencia de género, y en consecuencia las mantiene en un estado de alienación  que les impide la unificación de intereses y de luchas contra su  enemigo común.
¿Hasta cuándo existirá el patriarcado? ¿Estamos cerca o lejos de su fin? Es difícil adelantar una respuesta definitiva a estas preguntas. No obstante, existen al menos tres posibles hipótesis al respecto.
Por ejemplo, Manuel Castell en su libro “La sociedad de la información” sostiene que  aun cuando el patriarcado sigue siendo la estructura básica de las sociedades contemporáneas, está irremediablemente condenado a su fin debido al advenimiento de la sociedad de la información dentro del capitalismo, y  advierte que en este ocaso se provocará mayor violencia y odio contra las mujeres, tal como estaría ocurriendo en la actualidad.
 Por su parte, otras autoras ( como Heidi Hartmann)  sugieren  que el fin del patriarcado dependerá del fin del capitalismo, ya que en este sistema económico el patriarcado ha encontrado  un aliado estratégico en la medida que la acumulación de capital no solo se acomoda y se aprovecha de la estructura social del patriarcado (menores salarios para las mujeres, carga del trabajo del cuidado no remunerado de las mujeres,  etc. ) sino que adicionalmente contribuye a su reproducción mediante la fraternidad interclasista que promueve entre explotadores y explotados (y entre la izquierda y la derecha) para el mantenimiento de la supremacía masculina. En consecuencia, el fin del patriarcado demorará tanto como demore el fin del capitalismo.
Una tercera hipótesis en este debate  expresa que el fin del patriarcado no se relaciona con el ciclo de vida del capitalismo, en la medida que su existencia es anterior al surgimiento de este sistema económico en el siglo XVII y a que el patriarcado ha demostrado su capacidad de sobrevivir al capitalismo, tal como lo evidencia la experiencia del socialismo del siglo XX ( y probablemente la  del socialismo del siglo XXI).  El fin del patriarcado tendría como premisa el logro de una triple autonomía de las mujeres: autonomía económica, autonomía política y sobre todo,  la autonomía del cuerpo.
En conclusión, el patriarcado no es una categoría de análisis (como sí  lo es la categoría Género) es más bien  una realidad vigente que condena a la desigualdad, a la discriminación y a la violencia a más del 50% de la población. En  consecuencia su existencia no depende de si nos gusta o nos disgusta  este término, sino de si están o no vigentes  las condiciones y  los procesos sociales, políticos, económicos, jurídicos e ideológicos a partir de los cuales se institucionaliza y se reproduce la discriminación y la violencia contra las mujeres.
Luchar contra el patriarcado (NO  CONTRA LOS HOMBRES ni contra las mujeres que lo defienden) e instaurar un sistema en donde exista IGUALDAD REAL entre hombres es el signo que caracteriza la lucha de las feministas, y es precisamente lo que nos distancia  de oportunistas de toda especie y/o variedad que utilizan el discurso de  género como un modus vivendi para  asegura sus fines personales  o como un modus operandi para darle al patriarcado “un rostro más humano” para sus fines de dominación política.

(*) Feminista y columnista de ContraPunto